Cuando Amparo no estaba en casa yo me dedicaba a buscar sus huellas. Es difícil encontrar las pistas de una ciega porque su paso por los días es distinto, como si transcurriera por otra dimensión.
Esa circunstancia, la de que Amparo viviera en nuestros días y a la vez en otra dimensión, me parecía muy excitante. Estar con ella era como convivir con un personaje de los que aparecen en los sueños, de esos que nunca has visto, pero que conoces perfectamente. Tal vez a ella le pasara algo parecido con los que estábamos a su alrededor, no sé, quizás debí preguntárselo.
Las huellas de Amparo podían aparecer en cualquier esquina, podían ser las marcas de un zapato sobre una mesa, un vaso olvidado en un lugar inverosímil o una ventana abierta de par en par en medio de una habitación a oscuras.
Pensé en frases que Amparo debería haber dicho y que quizás debiera atribuirle, pero todas me parecían demasiado fantásticas o poco relamidas.
Nazaré Lascano
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