domingo

El punto de partida

El Pacho volvía de trabajar cuando aún no había amanecido. Siempre traía una botella de leche y un periódico recién salido de las rotativas, yo no sé si el Pacho tomaba leche o leía el diario, no lo podía imaginar.

Yo lo veía, apostada detrás de mi ventana, fumando para que él viera la pava del cigarro pasearse por mi dormitorio. Quería que el Pacho me imaginara de una forma poco clara, morbosa.

Cuando cruzaba la calle, con su periódico bajo el brazo yo me alejaba de la ventana simulando una retirada pudorosa y él se quedaba un instante en medio del paso de peatones hasta que oía como llegaba algún camión de la limpieza o de reparto y se apartaba, a veces corriendo hacia a delante y otras, de forma incomprensible, volviendo al punto de partida.

Nazaré Lascano

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