Durante el tiempo que duraban fiestas o celebraciones empalagosas e innecesarias, especialmente en cumpleaños o navidades, Lupe se colocaba en el abdomen y debajo de la ropa una mochilita redondeada rellena con un cojín que simulaba a la perfección una barriga de embarazada.
Las miradas y las conversaciones perdían pie inmediatamente y ya nadie pensaba en felicitar las pascuas o desear un buen año, nadie aludía a los deseos de felicidad o los recuerdos familiares, el punto sobre el que gravitaba todo era la barriga de Lupe y a partir de él se construía un relato fastuoso lleno de silencios, gestos entre la sorpresa, la pena y el asco, y palabras rebuscadas y desafortunadas que Lupe recibía con una sonrisa beatífica, sin decir nada, pero sin dejar de acariciarse la barriga.
Nazaré Lascano
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