viernes

Detrás de sus párpados

Siempre que se quedaba dormida me fijaba en su rostro muy despacio, si me acercaba mucho podía ver las gotitas lívidas de champán, o las más consistentes de la última copa de coñac que se habían secado sobre la piel de las comisuras de los labios. 

Si tenía suerte podía ver alguno de sus rizos cruzándole la cara como un signo ortográfico por inventar o, si tenía más suerte aún, podía descubrir sus ojos en plena fase REM, moviéndose detrás de sus párpados.

Como dos planetas lejanos.

Nazaré Lascano

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