jueves

Esquivando la verdad

La mujer estaba en la cama, una vecina abrió la puerta a los dos guardias que esperaron en una galería acristalada por la que se colaba el sol. 


—  ¿Y el señor Joaquín Cortina?
—  Salió, tenía que visitar a unos clientes. 


Junto a la galería había colgadas tres jaulas con tres canarios, uno de los guardias, el mayor se acercó y les silbó.


—  Me encantan los pajaritos, en el pueblo mi padre los criaba.


El otro guardia se acercó también y también les silbó, pero los animales empezaron a revolotear nerviosos.


—  Les asustas. No sabes.


La puerta del pasillo se abrió y salió la vecina, con aspecto de asistenta.


—  Mari Luz no puede salir, dice que se encuentra mal, que si pueden venir ustedes otro día.


Los dos guardias se miran un instante. Piensan en Calafell y en que no pueden irse de allí con las manos vacías.


—  Necesitamos verla por el asunto del robo.
—  Está muy asustada, compréndanlo.


Los policías no saben qué hacer.


—  ¿Ha sufrido alguna agresión la señora?
—  ¿Agresión?
—  Sí, ¿está herida? ¿El ladrón o alguien le hizo daño?
—  ¿Daño? ¿A ella?
—  Sí, a ella ¿ha sufrido algún daño?
—  No lo sé, sólo que está en la cama y se encuentra mal.


Los dos agentes vuelven a mirarse. Saben que aquella mujer está esquivando la verdad.


—  Es necesario que la veamos un momento.


Nazaré Lascano

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