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domingo

Una ráfaga de excusas

DIARIO DE NEREA P.

Miércoles, 21 de abril

No ha hecho falta reflexionar mucho ni pasar la vergüenza de llamarle. Darío Varona se ha presentado en mi apartamento. 

Estaba apurado, me saludó con una ráfaga de excusas, dijo que al llamarme varias veces y al no encontrarme en los juzgados pensó que había tenido algún problema, buscó mi nombre en la base de datos de la policía, encontró mi domicilio y se había presentado. Parecía un adolescente atolondrado. 

Yo no sabía si enfadarme o sentirme halagada, pero el hecho de imaginármelo mirando mis datos en el ordenador de la comisaría me parecía lo más excitante que me había pasado en mucho tiempo. Le invité a pasar sin soltar las riendas que había puesto en mis manos, es decir, sin dejar de hacer el papel de una ciudadana violentada por las fuerzas del orden. 

Aquello pintaba bien por primera vez.

Nazaré Lascano


miércoles

Tópicos y antídotos

DIARIO DE NEREA P.

Martes, 20 de abril

Es un tópico, la secretaria judicial que se acuesta con el inspector de un caso.

Me dan ganas de vomitar el verme metida en una vulgaridad tan grande. Aunque siempre puede ser peor, puedes casarte con otro funcionario del juzgado y pedir las vacaciones en las mismas fechas para ir a la playa.

Ahí no hay peligro, así que quizás no es para tanto y pueda volver a llamarle. El hecho de que haya cucarachas en su bañera es un buen antídoto para no querer nada serio con el inspector Darío Varona.

Nazaré Lascano



viernes

Nerea Palermo

No me gustó Nerea Palermo cuando la vi en el juicio. Es decir, me gustó, claro, pero no lo que decía, ni cómo lo decía. Nerea tenía poca voz, utilizaba demasiados tecnicismos y daba la sensación de que no había preparado bien el caso. 


El fiscal la paró varias veces, la mandó callar y acabó diciéndole que volviera a su bufete y regresara cuando supiera de lo que hablaba. 


Me dio pena y por eso la invité a tomar un café a la salida de los juzgados, la llamé cuando se alejaba por el pasillo dando pasitos cortos y rápidos metida en esa falda estrecha que días después vi colgada en la silla de su dormitorio.


Nazaré Lascano

martes

No soy una mala persona

DIARIO DE NEREA P.

Lunes 19 de abril

En la vuelta al trabajo Julio me ha metido prisa con la revisión por-me-no-ri-za-da de la instrucción del caso de la viuda. Le he pedido, por favor, que se lo pase a Rosa o cualquier otro y que a cambio yo me quedo alguna tarde a colocar el archivo, pero me ha mirado como si estuviera loca.

Se lo he dicho porque no quiero volver a ver a Darío Varona. No me ha valido de nada la humillación, joder.

¿No se daría cuenta ese poli idiota que cuando se puso encima de mí grité el nombre de R.?

Y no lo hice a propósito porque no soy mala persona, pero me salió así porque, ya lo escribí ayer, me lo recordaba. Su voz un poco hueca, sus ojos un tanto vidriosos, su pelo a punto siempre de necesitar un buen lavado, y su verga gruesa que me hizo, sin yo quererlo, decir su nombre.

Nazaré Lascano

lunes

Dignidad

DIARIO DE NEREA P.

Domingo 18 de abril (Continúa por la tarde)

Ese poli, Darío ha tenido la poca dignidad de llamarme esta misma tarde. 

Seguro que se despertó y me buscó por todas partes. Primero vería que no estaba entre las sábanas, después, mientras se rascaba la entrepierna, miraría en el salón y en la cocina y, por último, en el baño donde llamaría tímidamente a la puerta y donde entraría con cuidado hasta darse de bruces con la cucaracha que con suerte aún no se habría colado por el desagüe de la bañera.

¿Qué sentiría al ver aquel bicho? ¿Pensaría en mí ? Y, sobre todo, después de verla ¿cómo se atrevió a llamarme? ¿Se extrañaría de que no le respondiese jamás?

Nazaré Lascano

Ese policía

DIARIO DE NEREA P.

Domingo 18 de abril

Ese policía. Creí que me gustaba, pero me estaba engañando. Anoche cuando estaba con él, cuando se quedó dormido a mi lado me imaginaba que estaba con R. Quizás estaba con él porque me recordaba a R. Su casa también y su cama eran como las de R.

Pero cuando me levanté por la mañana él seguía durmiendo. Fui al baño con un dolor de cabeza muy profundo. Busqué en sus armarios mohosos y no encontré ni una aspirina. Me metí en la bañera y vi una cucaracha junto al desagüe, le eché agua con la ducha pero dio vueltas sin colarse. 

Me lavé la cara, me vestí y me fui de allí.

Nazaré Lascano