martes

La perfección de Amparo

Los ojos de Amparo no eran los de una ciega corriente. 

Cuando se quitaba las gafas oscuras sus pupilas brillaban como el sol en la carrocería de un coche nuevo y bizqueaban como los de una modelo perfecta a la que el fotógrafo le busca un punto de fuga.

Entendí que las imperfecciones de Amparo eran tan necesarias que la ceguera la convertía en un ser único. Quizás por eso se hizo amante de un ser como Jorge, quizás por eso bebía hasta la náusea.

Nazaré Lascano



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