lunes

Sonia se corta el pelo

Una mañana, después de vestirse, Sonia Ricco se metió en el cuarto de baño, sacó unas tijeras de su bolso y comenzó a cortarse el flequillo. 

H. podía verla reflejada en el espejo a través de la puerta entornada y lo primero en lo que pensó fue hacerse con los mechones que caían en el lavabo. 

— No los tires.
— ¿Qué?
— Los mechones de pelo, yo me encargo de limpiarlo todo.
— ¿Qué vas a hacer con ellos?
— ¿Con los pelos?

Sonia asiente mientras da otro corte.

— Me los llevaré a casa y los dejaré entre las sábanas de la cama.
— ¿Quieres que los vea tu mujer?
— Sí, necesito que sepa algo de lo que ocurre aquí.
— ¿Por que no se lo cuentas?
— Quiero que lo imagine. La imaginación siempre es más cruel que la realidad.

Nazaré Lascano

Una necesidad

Un espejo siempre es una tentación en un escenario. 

Tomás sabía que no podía cometer ese error, sabía que un agujero, o un hueco, o una grieta son imprescindibles, sin embargo un espejo solo es una obviedad, una necesidad sin ganas.

Nazaré Lascano

Los años de la resignación

Los primeros años de Darío en el cuerpo de policía pasaron deprisa. A pesar de que tanto sus superiores como la mayoría de sus compañeros lo trataban como si fuera idiota. Ninguno supo nunca que precisamente esos primeros años fueron los mejores, cuando su mente estaba preparada para llegar a conclusiones que encajaban como dos piezas en armonía. 

Tiempo después cayó en la resignación y, aunque así daba mejor imagen, los resultados siempre rozaban la estupidez y los casos que resolvía lo hacía por insistencia, por suerte o por casualidad.


Nazaré Lascano

Con los dedos

Me fascina escribir

con boli azul en tus brazos, 

con tiza en las paredes.


Escribir

con los dedos,

en el agua y en el aire.

en la arena y en la nieve,

en el vaho de los cristales.


Nazaré 

domingo

Conceptos básicos

No hay realidad hasta que el punto de vista no lo inaugura.


(Concepto básico de la Mecánica Cuántica)


Dejad el balcón abierto

La casa de Lucía Monsalvo daba al parque. El balcón, grande, con barrotes de hierro oxidados parecía presidir el edificio, como si en cualquier momento el presidente del gobierno o un general uniformado fueran a salir a dar un discurso.

Los chicos del barrio no dejaron pasar la ocasión, un día uno de ellos pasó por debajo y tiró una piedrecita, otro día otro arrojó una lata y así, casi sin querer fueron haciendo del balcón de Lucía un vertedero.

Aquello no era sólo una diversión de adolescentes, si tiraban basura al balcón de Lucía Monsalvo era por todo el asunto de su viejo muerto que lo había perdido todo en una timba y, sobre todo, porque ellas eran  unas locas.

Yo, que era amiga de Lucía, tiré una lata en una ocasión, iba acompañada del Rumi y no fue él quién me provocó sino que yo misma, aprovechando su compañía y envalentonada por el calor de la tarde arrojé la lata como el que lanza un insulto "¡Locas de los cojones!"

Días después fui a casa de las Monsalvo con una docena de pasteles, Como siempre sobrevivían en la semioscuridad, como siempre la tristeza y el olor de aquella tristeza y aquella oscuridad. Pasé al salón, al fondo se veía el balcón abierto por el que entraban las latas, los botes, y las piedras y el suelo lleno de basura.

— ¿Por qué no recogéis todo lo que os tiran?
— Porque nos lo merecemos.

Nazaré Lascano

sábado

Escenarios

— Los escenarios de un crimen son como los escenarios de una obra de teatro
— ¿Alguna vez te dio la sensación de que estabas en una ficción?
— Constantemente.
— ¿Fuera de un lugar donde se ha cometido un crimen también?
— Siempre, ¿a ti no te pasa?


Nazaré Lascano

Llaves

La Vía Láctea tiene unos 200.000 millones de estrellas. 

Y yo me he pasado la tarde buscando las llaves de casa.

Terry Salgado

viernes

El dormitorio de Carolina Suances

A las dos semanas de la desaparición de Darío Varona, Carolina Suances empezó a observar que en el techo de su dormitorio aparecían manchas de color rojizo con aspecto de rosas ajadas.

No le dio tiempo a avisar a nadie para que pintaran la habitación, una madrugada Carolina sintió como si alguien golpeara con sus dedos en la almohada y cuando encendió la luz de la mesita de noche y miró hacia arriba pudo ver que todo su techo era ya una mancha de un rojo intenso y rezumante.

Llamó a la policía, un inspector de aspecto similar a Varona confirmó que aquello era sangre y esperó a que se hiciera de día para subir al piso de arriba. No había nadie. Se pusieron en contacto con el administrador del edificio, quien les informó que esa vivienda llevaba deshabitada desde hacía casi veinte años, desde que los últimos dueños, una pareja de ancianos, murieron en un accidente.

Carolina preguntó qué tipo de accidente, pero nadie la escuchó. La policía se interesó por saber quién era el dueño legal de aquel apartamento, pero el administrador no supo concretar si era un fondo inmobiliario, un banco o una aseguradora.

La jueza llegó al día siguiente. Para entonces el dormitorio de Carolina Suances ya era un charco de sangre.

Nazaré Lascano

En ningún caso

Una tarde, después de comer, fui al cine con Carlos. 

En la película, un documental de los años 90, aparecía una pareja de viejitos, se habían conocido durante la guerra de España y según explicaban solo querían morir juntos. Se les veía contentos y enamorados, felices por haber compartido toda la vida y sin temor a la muerte cercana.

Me imaginé a mí misma en su situación y sólo sentí miedo por la muerte próxima, en ningún momento pensé en el amor, ni en nadie a mi lado toda la vida.

Miré a Carlos de reojo, estaba mirando con atención a la pantalla y creo que tenía los ojos humedecidos. En ningún caso, pensé, acabaría mis días a su lado.

Nazaré Lascano

La galería

Algunos días almorzaba en su casa. 

Era una casa blanca, inmaculada, con rayitos de sol que se colaban a través de los cristales de una galería llena de macetas con plantas colocadas por especies, tamaños y colores. Las persianas, de un color verde magníficamente desvaído, le daban un tono que pudiera haber pintado Remedios Varo.

Yo avanzaba por aquel pasillo como una reina, apenas flotando sobre las baldosas dibujadas con geometrías repetidas que hubieran hecho de mí una persona distinta si hubiera podido vivir allí mi infancia, como ella, que allí, en la casa familiar, me iba desvelando secretos que, paradójicamente, la hacían más misteriosa.

Nazaré Lascano

jueves

El vacío

Muchas noches y muchas madrugadas, cuando Jorge llegaba a casa, yo estaba metida en la cama, despierta, con las manos cruzadas bajo la cabeza, sin un solo pensamiento, corriendo sin avanzar por mi mente en blanco, es decir, despierta pero con el vacío del sueño que no se recuerda. 


Sólo cuando oía la llave en la puerta, dormía o despertaba del todo.


Nazaré Lascano

Para hombres

El inspector Varona trabajaba en medio del desorden, dando vueltas por las habitaciones del apartamento de la viuda como una peonza a punto de perder la inercia. En medio de una de esas vueltas me dijo que había que buscar algún objeto masculino.

— ¿Qué es un objeto masculino?

Me miró como si fuera idiota, después suspiró hacia adentro y respondió.

—Imagine... una máquina de afeitar, una corbata, un desodorante o un frasco de perfume para hombres.

Asentí y me puse a buscar. Entré en uno de los baños, abrí el armario sobre el espejo y cuando ya tenía un frasco de colonia en las manos oí la voz de Darío Varona.

— ¡Y sobre todo no toque nada!

Dejé el frasco, muy deprisa, en su sitio. ¿Cómo quería ese estúpido que buscara sin tocar nada? Ni siquiera me fijé en si era una colonia para hombres.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

miércoles

Respuestas ingeniosas

Si hubiera estado más lista le podría haber respondido a Jorge que él prefería jugar al póker porque hay cuatro reinas para elegir y porque se puede ganar yendo de farol.


Lo pensé una noche de insomnio en la cama. 

A las siete de la mañana me levanté dispuesta a llamarle y darle todas las réplicas ingeniosas que había apuntado durante la noche, pero después me puse a hacer la colada y en el momento en que la ropa empezó a dar vueltas en la lavadora lo olvidé todo. 

Hasta hoy, que tampoco puedo dormir y después de darle mil vueltas a la cabeza me siento frente al ordenador a escribir más respuestas ingeniosas.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

El libre albedrío de los electrodomésticos

Me hubiera gustado más, aunque duela, vivir en el filo de un cuchillo de sierra que en el tambor de una lavadora. 


Pero una no elige sus electrodomésticos.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

martes

Auto halago

Jamás vi a Jorge llevando a la ciega del brazo. Al contrario, era ella la que le dirigía, la que le indicaba, la que manejaba la escena cuando estaban juntos.


Un día que yo estaba celosa o de mal humor traté de picarle.


—  ¿Le ayudas a cruzar los pasos de peatones?

Jorge negó con la cabeza.


—  Ya sabes cómo es, se sentiría ofendida si lo hago.

—  ¿Ni cuándo necesita tu ayuda?

—  Nunca la necesita. 

—  Siempre buscas mujeres más listas que tú.


—  ¿Eso es un halago o un reproche?


—  Un auto halago o un auto reproche.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

Anónimo e inerte

Los escenarios del crimen siempre provocan reacciones encontradas al inspector Darío Varona.

Lo peor para Varona es encontrar una escena cotidiana en la que se ha parado el tiempo. Una cocina, por ejemplo, con el café en la taza fría, migas de pan sobre la mesa, una botella de leche enfriándose en la nevera o una revista abierta por una página desde la que sonríen las fotografías de famosos.

Empezar a colocar todas esas piezas en el relato supone un esfuerzo para el inspector, mucho más intenso que enfrentarse a un cuerpo que, en esas circunstancias, es decir, anónimo e inerte, ya no es nada.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

Caligrafía

Alguien, con una letra clara y con una caligrafía poderosa, escribió en la puerta de Manuela, una sola palabra grabada levemente en la madera: "Silencio". 

Debajo, otra persona con otra caligrafía distinta, más rotunda y menos delicada, respondió: "No pares, por favor".

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

domingo

Ver a nadie

Una madrugada en la que había bebido demasiado cometí el error de decirle que no viera a nadie más.

Utilicé mal el verbo, debí decir no te acuestes con nadie más, no te diviertas con nadie más, no te sinceres con nadie más, no huyas con nadie más.

Me dijo que de acuerdo, que no vería a nadie más, pero siguió haciendo todo lo demás.

Nazaré Lascano Cuentos de Parque Chas


El tiempo multiplicado por la ausencia

¿Qué tienen los espejos españoles que no tengan los demás? Ignoro los secretos del azogue. Pero existen. 

Me veo más viejo; cosa que a nadie debe asombrar, pero no son sólo treinta años. Hace más: el tiempo multiplicado por la ausencia.

Max Aub, La gallina ciega

sábado

De huellas y manchas

Hay quien dice que de nada vale soñarlo si no se ejecuta, y puede que tengan razón. 


Yo, por mi parte, a menudo lo sueño y no lo llevo a cabo. A veces incluso lo llevo a cabo y no termina de salir de lo sueños. Algo así pasó con Jorge el día que decidí no volverle a ver.


Ni con millas de agua de por medio conseguí echarlo de mi vida. Al parecer los seres infames no dejan huella sino mancha y Jorge mancha como nadie.


Sin duda hay una parte de mí manchada acá en España y otra, sucia de cuerpo y mente que sigue en Buenos Aires jugando al escondite con Jorge.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

 

viernes

Subtítulos

Llamó con fuerza al interfono, recuerdo que la noche anterior me había acostado muy tarde por una discusión eterna con Jorge. Recuerdo también que por no dormir con él me quedé en el salón viendo una película de los años cuarenta que pasaban por la tele y que, curiosamente, no he vuelto a recordar.


Cuando llamó yo seguía acurrucada en el sofá con la espalda doblada, entumecida y la lengua pastosa, doblada, entumecida.

Apenas me asustó si es que uno puede asustarse apenas. Me levanté tranquila, había olvidado a Jorge en medio de mis sueños en blanco y negro subtitulados y cuando abrí la puerta él ya estaba allí. 


Si la primera impresión es la que cuenta, la de Carlos fue inmensa. Jamás había visto un repartidor que midiese dos metros, Me sonrió desde allá arriba. 


— ¿Nazaret Lascano?
— Nazaré
— ¿Cómo?
— Es Nazaré con acento en la e.

Volvió a sonreír, miró su móvil y después volvió a mirarme.

— Disculpa, lo han escrito mal.
— No importa —le dije volviendo de golpe a la realidad, recordando que allí dentro seguía Jorge, que aquella sonrisa no me pertenecía y que una vez más la tilde se había interpuesto entre mí y la felicidad—  estoy acostumbrada.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas




lunes

Héroes sin riesgos

Dibujar un personaje con las espaldas anchas siempre tiene sus riesgos. Puedes crear, sin querer, un ser sufriente, un santo sin coraje o un buey de ojos acuosos.

Es importante salirse de uno mismo, buscar un héroe amortizado y convertir su valentía en resistencia. Después de unos capítulos es conviene dejarle descansar.

Terry Salgado

viernes

Vidrio templado

A la una menos cuarto llegó a casa. 

Mariola le había dejado la cena en la mesa de la cocina y Esteban mira el plato con pena, quizás con rabia o con nostalgia. Se sienta tal cual llegó, los zapatos le aprietan pero no tiene ánimo de desatar los cordones. Pincha con el tenedor una patata frita con buen aspecto, se la lleva a la boca y al notar que está fría y correosa siente otra vez la pena, la rabia o la nostalgia. 

Esteban se levanta y mete el plato de Duralex con los filetes y las patatas fritas en el microondas. Dos minutos.

Mientras el plato gira Esteban llena un vaso con agua del grifo y bebe. Cuando termina ve el periódico que Mariola le ha dejado en medio de la encimera abierto por la página de anuncios clasificados y con una pequeña equis, escrita a lápiz y casi imperceptible señalando uno de los mensajes.

Se busca chofer particular para los fines de semana, jornada completa. Que resida en la zona de Sitges y tenga un vehículo para llegar al puesto de trabajo. Pensamos en una persona con muchos años de experiencia al volante y conocedor de zona de Garraf y de Barcelona ciudad. 

Terry Salgado, Un asunto sin importancia


sábado

Casi 1000 años

Conocemos los atajos del espacio, pero también los hay del tiempo, de los sentimientos, del conocimiento y de la moralidad.

Podríamos estudiar la historia de la humanidad a través de sus atajos. La Historia Medieval no tomó un atajo importante en 1000 años, el resto de periodos sufrió cortes que aún sangran.

Los atajos son cortes, muchas veces tramposos, otras veces inteligentes y casi siempre efectivos.

Terry Salgado

lunes

Sólo hazlo

Enrique le pidió a la Pupila que esa noche quitara todas las bombillas de su casa.

—¿A qué hora vuelve tu marido?
— Llega a la hora de la cena, sobre las diez y media.
— Te da tiempo a quitarlas todas.
— ¿Todas?
— No puede quedar una sola luz en casa.
— ¿Cómo haremos entonces?
— Usad velas, o salir a la calle, o quedaos a oscuras, podéis hacer muchas cosas.
— ¿Y cómo se lo explico?
— Tendrás que decirle que se trata de un acto radical de la ética del azar.
— No creo que lo entienda.
— Entonces no le digas nada, sólo hazlo.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

jueves

Las flores amarillas

Algunos de nuestros amigos hacían bromas con los cuernecitos de
Snail Girl. "¿Es cierto que solo duelen cuando salen?" "¿Son contagiosos?" "¿No te importa llevarlos a todas horas?"

Snail Girl sonreía y, entre risas, les daba respuestas sencillas. "Sí, son como los dientes lo peor son los primeros días" Sí, ten cuidado que todo se pega menos la belleza". "No pasa nada, cada uno lleva su cruz".

A mí todos aquellos comentarios me parecían una pesadez y le regalé un sombrero precioso, con unas flores amarillas que tapaban sus cuernecitos. Snail Girl lo cogió sin decir nada, pero cuando salíamos con nuestros amigos siempre se ponía el sombrero.

A partir de ese día todos, incluido yo mismo, la mirábamos con más curiosidad, y todos estábamos deseando quitarle el sombrero para ver si ahí debajo seguían los cuernecitos.

Pero desde ese día ella no volvió a dejarle a nadie que mirara. A mí tampoco.

Terry Salgado

martes

Simple melancolía

Siempre quedaba con ella al final de alguna calle y ella a menudo equivocaba la calle o, a veces, yo la esperaba al final y ella me buscaba en la entrada.


Igual ocurría en las estaciones del metro, en las terrazas de los bares o en los bancos de cualquier parque.


Cuando pasaba demasiado tiempo y Snail Girl no llegaba yo salía a buscarla, a pesar de que sabía que era un error, que lo único acertado es quedarte en el mismo lugar y esperar pacientemente. Solo así tienes alguna oportunidad.

Es por eso que sigo aquí esperando, sin moverme. Por eso o por simple cansancio, o simple pereza, o por melancolía.

Terry Salgado

sábado

Mi época triste

Snail Girl tenía muchas ganas de viajar a Roma. Se imaginaba entre las ruinas del Coliseo o bajo el óculo del Panteón de Agripa tomando un rayo de sol.

Yo estaba en mi época triste y le fui dando largas, y nunca fuimos a Roma.

Ahora que ya no está, pienso en cómo podía estar triste si ella estaba cerca y Roma estaba cerca. También pienso en los rayitos de sol calentando las piedras antiguas sin nosotros dos.

Terry Salgado

viernes

miércoles

El día del Carmen

Se me olvidan cosas importantes. 

Cuándo debo ir a cobrar el desempleo, cuándo debo tomar la medicina contra la alergia, cuándo tengo que cortarme el pelo, cuándo llevar las sábanas a la lavandería, cuándo cambiar el aceite del coche, cuándo son rebajas, cuándo es Halloween, cuándo es el día del Carmen, cuando sale el último metro o el primer autobús.

Mi mujer (que no se llama Carmen) dice que lo hago a propósito.

Terry Salgado


Es difícil

Es difícil escribir algo que no haya escrito ya un borracho 


Luna Miguel


martes

Albaricoque

¿Cuál es su palabra favorita en cada uno de esos idiomas? 

Mmm... Qué difícil, nunca lo había pensado. Quizás, a día de hoy, y así rápidamente, diría que en euskera: ura (agua); en castellano: albaricoque; en inglés: home (hogar).

Un día de sol

A la salida del sol subíamos al coche y viajábamos. Snail Girl hacía unos bocadillos maravillosos en los que no faltaba la lechuga y la salsa césar. Le encantaba conducir por carreteras secundarias, rodeada de vegetación y árboles que se asomaban curiosos a nuestro paso.

Una de esas mañanas felices, en una curva de una carretera apartada, nos paró la policía porque circulábamos demasiado lento, los dos agentes saludaron con marcialidad y nos pidieron los papeles del coche y nuestros documentos de identidad. 

No hubo manera de hacerles entender que Snail Girl no tiene documento de identidad, ni mucho menos permiso de conducir. Nos hicieron salir del vehículo y, desorientados, trataron de imaginar qué diría el reglamento en un caso como ese. 

Mientras esperábamos que llegaran órdenes por radio, Snail Girl y yo sacamos del maletero la cesta de mimbre con los bocadillos y almorzamos junto a un árbol. El sol calentaba el aire y el murmullo de los agentes de tráfico al otro lado de la carretera me hizo sentir pletórico. 

Todo transcurría lentamente.

Terry Salgado

sábado

Una noche con Snail Girl

La noche de Reyes
Snail Girl se acostó en mi cama, pero no salió de su concha en ningún momento.

Por la mañana, con la primera luz, escapó lentamente por la puerta del jardín.

Terry Salgado


jueves

Pi en abril

Snail Girl aparece de forma regular, pero no siempre. Esto tiene que ver con la vida en espiral y si tuviera una fórmula para calcular la espiralidad de forma exacta como la hay para calcular la longitud de una circunferencia sabría exactamente cuando va a volver a asomar sus cuernecitos al sol.

Como no tengo otro método a mano he tratado de aplicar esa fórmula y he usado pi de una forma novedosa. Después de observar las veces que Snail Girl ha regresado, ver cuánto tiempo ha tardado en volver y cuánto se retrasa cada vez que regresa, he convertido los segundos en grados y usado pi de forma exponencial. 

Los resultados han sido caóticos pero han funcionado. Los cálculos indican que  la próxima vez que regrese será esta tarde y la siguiente a mediados del siglo XXIV, concretamente entre el 14 de marzo y el 11 de abril.

Terry Salgado


miércoles

Paradigma de los que se esconden

Como pueden imaginar
Snail Girl es el paradigma de los personajes que saben ocultarse. 

El reverso de una hoja de cualquier árbol urbano le basta para desaparecer durante días, pero también puede hacerlo pegada, cabeza abajo, debajo de cualquier mesa donde se escriba o se juegue a los naipes, en la contraportada de una enciclopedia desfasada o sobre uno de los largueros de camas asexuadas.

Terry Salgado


El juego del escondite

Al contrario que las personas, los personajes pueden ocultarse en cualquier parte. 

Yo mismo he tenido que salir a buscarlos y he visto cómo se ocultaban detrás de las estatuas de los parques, debajo de los platitos de las tazas de café de los bares, detrás de los espejos de los probadores de las tiendas de moda o acurrucados "entre coche y andén" en las estaciones más profundas del Metro.

Las personas se esconden peor, pero se tarda más en encontrarlas.

Terry Salgado

lunes

Cosas qué hacer

No es que a mí se me ocurra algo y lo haga, sino que hago algo y ya se me ocurrirá por qué lo he hecho.

Ignatius


domingo

Felicitación de fin de año

— No se si eres un detective o un pervertido.
— Cuando lo adivines, dímelo.


Blue Velvet (David Lynch, 1986)



viernes

La fiesta familiar

Era una fiesta importante. 

Durante años, con motivo de esta fiesta, mi familia organizaba una comida en un restaurante del centro. Mis tíos y mis primos siempre me preguntaban por mi novia y yo sonreía como un lelo. Esta vez pensé en ir acompañado por Snail Girl. La llamé unos días antes, para darle tiempo a llegar, y me dijo que me acompañaría al almuerzo y que pensaba ponerse un vestido espectacular.

Esa mañana me levanté pronto, hice café y puse música. Con la taza en la mano miré por la ventana, nada.

Era muy temprano, las luces de las farolas aún estaban encendidas, pensé que no había motivo para inquietarse. A la media hora volví a mirar, y después cada diez minutos, cada cinco, cada tres.

A la una, con mis padres y mis hermanos dando vueltas por la casa, yo seguía con el pijama puesto y la taza de café en la mano. Mi hermana Marga se reía cada vez que pasaba a mi lado y Jorge me pidió que mirara por la ventana "Hacia abajo".

Miré, allí estaba Snail Girl, pegada a la pared de nuestro piso, avanzando a duras penas por la piedra, resbalando un centímetro por cada dos que lograba subir.

Salí al alféizar y le tendí la mano. Estaba preciosa.

Terry Salgado

Plantas artificiales

Se dice que lo que niegas te somete y que lo que aceptas te transforma, y yo pienso que no hay nadie más libre que quien riega plantas artificiales.

Ignatius

jueves

Poesía en las palmas de las manos

Poesía es escribirte en la palma de una mano la frase 'No tengo ganas de seguir viviendo' y en la otra 'Merendar'.


Ignatius Farray

Agentes modificantes

El caos modifica la estructura.


Marly Kuenerz


Rocas sedimentarias

Cada noche, los habitantes de los pisos construidos con arenisca ignoran, en medio de cada sueño, los granos de arena de cada bloque de piedra con que está recubierta su fachada.

Cada noche, cada vecino ve pasar, en sus sueños, imágenes acumuladas en cada uno de los poros de las rocas sedimentarias.

Terry Salgado




miércoles

Todo

Lo grande y lo pequeño es todo lo mismo.


Marly Kuenerz



Surtido variado

Snail Girl llegó cargada con un surtido variado de sueños de la adolescencia, colocados con mimo como galletitas con cobertura de chocolate envueltas en papeles brillantes de celofán.

Terry Salgado


martes

La lentitud del pensamiento

La lentitud como trasunto del vacío.

Podéis verlo, si tenéis paciencia, en el agua golpeando las rocas, o en el viento acariciando mortalmente las montañas.

Si no queréis salir de casa podéis verlo en vuestro propio pensamiento golpeando y acariciando el tiempo.

Terry Salgado



La lentitud indispensable

Gracias a su extrema lentitud
Snail Girl me salvó la vida.


Fue durante mi primera juventud, yo pedía socorro de forma urgente, pero pausada, desde lo más profundo de mi casa, de mi cuarto y de mi cama. 


Y Snail Girl me escuchó, y se puso en marcha, y llegó hasta mí años después, justo en el momento en que su presencia era indispensable.


Terry Salgado