jueves

Esther II (Insignificante)

Ayer estuve con una clienta nueva, una vieja con mucha pasta que se llama Esther. 

Con Esther he conseguido disfrutar como si no fuera una obligación. Creo que ha sido porque cuando habla me hace sentir pequeño, insignificante. 

Fuimos a un hotel caro del centro, me hizo registrarme con mi nombre y apellidos. Subimos a la habitación y enseguida bajamos al bar. No se extrañó ni sonrió cuando pedí un refresco y algo para comer. Ella tomó una copa que el camarero sirvió de una botella con el vidrio grueso de color naranja.

Estuvo hablando largo rato como si nos conociéramos, a veces pronunciaba mi nombre para hacer una pausa y otras la hacía tomando un sorbo de su copa. Cuando había conseguido que olvidara qué hacíamos allí cortó la conversación, pidió que le apuntaran la consumición a su cuenta y subimos a la habitación.

Terry Salgado

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