Las puertas de atrás tienen una larga historia. Por ellas entraban los criados para no mezclarse con los señores, los amantes para no cruzarse con los maridos y los ladrones de bancos para evitar las cámaras.
Por las puertas traseras han huido los jugadores de las salas de apuestas clandestinas, se han fugado los zares y los clientes de los burdeles. La puerta principal pertenece a la historia oficial; la de atrás, a la intrahistoria.
Juan José Millás, Un poco de vergüenza, El País, 13/09/2026
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