Amparo no tenía sentido del pudor, o si lo tenía era un pudor diferente, de ciegos, que yo no comprendía y que no encajaba con el de los pobres videntes.
El hecho objetivo de no verse hacía que no le importara que otros la vieran en situaciones que podrían parecer pudorosas como peinarse, descalzarse, relamerse, cambiarse de ropa o contar con los dedos.
Nazaré Lascano
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