En quinto grado, en casa de una de mis compañeras, encontré cientos de cosas que yo pensé que había perdido y que sólo había olvidado.
Esto me ocurrió más veces, en casa de un compañero de octavo grado, en la de un profe del último año de bachillerato y en el piso de mis amigos el primer año de carrera.
Siempre olvidaba el episodio anterior, como el que olvida un sueño recurrente que conoce en cuanto vuelve a caer en él.
Hasta que yo misma me perdí y empecé a recordarlo todo y fueron los demás los que encontraron sus objetos perdidos en mi dormitorio.
Nazaré Lascano
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