De pequeña quería ser zurda. Envidiaba con toda mi alma a una compañera de largos cabellos rubios y ojos claros sólo porque era zurda.
Traté de imitarla, hacía los deberes con la mano izquierda y cuando terminaba los deberes escribía en mis cuadernos todo lo que se me ocurría. Empecé a escribir cosas malas de la niña zurda, después cosas de todos, y vi que aquella mano izquierda tenía un poder inmenso.
Nunca logré ser zurda.
Nazaré Lascano
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