Una goma de borrar
A los siete años tenía un tesoro escondido en una caja de puros: una vitola con el escudo de una provincia española, un calendario de mano con la foto de una chica de ojos azules, dos canicas —una mate y la otra transparente y brillante—, una campanita plateada sin badajo, un visor de vistas con imágenes en color de los monumentos de Roma, una goma de borrar con olor a fresa, varios cromos de actores de Hollywood y la figurita de un indio sin manos.
Hoy no tengo nada.
Nazaré Lascano
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