martes

Un día de sol

A la salida del sol subíamos al coche y viajábamos. Snail Girl hacía unos bocadillos maravillosos en los que no faltaba la lechuga y la salsa césar. Le encantaba conducir por carreteras secundarias, rodeada de vegetación y árboles que se asomaban curiosos a nuestro paso.

Una de esas mañanas felices, en una curva de una carretera apartada, nos paró la policía porque circulábamos demasiado lento, los dos agentes saludaron con marcialidad y nos pidieron los papeles del coche y nuestros documentos de identidad. 

No hubo manera de hacerles entender que Snail Girl no tiene documento de identidad, ni mucho menos permiso de conducir. Nos hicieron salir del vehículo y, desorientados, trataron de imaginar qué diría el reglamento en un caso como ese. 

Mientras esperábamos que llegaran órdenes por radio, Snail Girl y yo sacamos del maletero la cesta de mimbre con los bocadillos y almorzamos junto a un árbol. El sol calentaba el aire y el murmullo de los agentes de tráfico al otro lado de la carretera me hizo sentir pletórico. 

Todo transcurría lentamente.

Terry Salgado

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