Entre los dieciséis y los dieciocho años alguien escupía a mi paso cuando pasaba bajo los balcones de un edificio de piedra y vidrio, justo al lado del semáforo por donde tenía que pasar a diario para volver a casa.
No siempre me alcanzaba, pero a lo largo de los días vi cómo caía saliva en mi pelo, en las piernas, los dedos de lo pies y mis propios brazos en primavera; y en las botas, el pantalón y las mangas del abrigo en invierno, además de mancharme las carpetas, libros, mochilas o cualquier otra cosa que llevara encima.
Durante aquellos años pensé en muchas ocasiones en cambiar la ruta, en volver por otro camino, aunque tuviera que dar un rodeo o, mejor, en cruzar antes la avenida. Sin embargo, unas veces por despiste y otras por tentar a la suerte, siempre acababa pasando junto a aquel edificio y bajo aquellos balcones donde se apostaba un francotirador anónimo que, sin fallar un solo día, me esperaba y disparaba disciplinadamente contra mí.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario