sábado

Placer

En octubre Enrique se dedicó a regalar cigarrillos a la puerta de los colegios.

Nadie sabía qué pasaba, un enjambre de niños entre diez y catorce años se arremolinaban en torno a Enrique el día de la semana en que acudía. Cada día lo hacía en una escuela diferente, de lunes a viernes, en Lanús y alrededores.

La policía tardó en acudir, primero llegaban tarde, después acudían al colegio equivocado, algún comisario equivocó el martes con el jueves porque si se fijan son dos días iguales, como si se vieran a través de un espejo.

Había niños que pedían los cigarrillos para su padre o para su abuelo, y había padres y abuelos que acudían a por su regalo. Otros le acusaron de pederasta y trataron de pegarle, cuando él solo quería cambiar algo de sus cortas vidas, imaginarlos escondiéndose de sus padres, fumando a escondidas en el cuarto de baño o en el balcón.

Imaginó patios, terrazas y balcones llenas de muchachos y muchachas fumando con placer y con culpa, que es la mejor manera de obtener placer.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

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