Mucho tiempo después de que Joana Yurineva abandonara su país, y años después de que la revista para la que trabajaba hubiera cerrado, alguien encontró en el estudio fotográfico un archivo polvoriento con las fotos descartadas de las fotonovelas en las que trabajó.
Imágenes mal enfocadas, con malos encuadres, cabezas cortadas o actores descolocados, pero también otras sin ninguna imperfección notable, descartadas quizás porque Joana aparecía demasiado bella cuando la historia no lo requería, o miraba a la cámara con demasiada intensidad o en sus labios se leían palabras inadecuadas.
Nazaré Lascano
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