Las ideas se mezclaban en mi cabeza y el alcohol no me ayudaba a centrarme, pensé en un guionista que deseaba alargar aquello utilizando el recurso fácil de la tensión sexual, pensé también que nunca se me ha dado bien seducir y que podía cabrear al guionista y defraudar a mi público.
Para poner las cosas más difíciles Saúl pidió dos cervezas más, estaba claro que quería que mi cabeza se embotara definitivamente y que no volviera a mencionar lo de ir a su casa, así que sin pensarlo le lancé la frase definitiva.
— Saúl, ¿A ti te gustan las mujeres?
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