Recuerdo a Snail Girl de antes, de mucho antes.
La recuerdo desde la infancia, los días soleados en las que las mujeres del barrio sacaban a la calle la ropa interior y las sábanas blancas, recién lavadas y las colocaban sobre la hierba verde para que se secaran libres e impúdicas como gatos callejeros bajo el sol.
Yo me paseaba, cuidadoso y solitario, como un niño bueno, entre todos aquellos tonos de blanco azulado sobre el verde furioso y, haciendo equilibrios, pasaba y repasaba bordados, embozos, pliegues.
Hasta que ella se aparecía, emergiendo desde el fondo de una de aquellas prendas, casi evaporándose, recién lavada y perfumada, prometiéndome lo que todos sabemos que, quizás, no llegue jamás.
Terry Salgado
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