domingo

Ser tonto

La mano izquierda era para mí la derecha, y me encontraba solo en el desfile, entre gritos y silbatos; en la gimnasia, cuando mi carrerilla me llevaba hasta el potro, el cuerpo que se quedaba rígido y quieto como el de los malos caballos ante el charco. 


Me esforcé en la teórica, y busqué en los libros: cuando supe más del mosquetón que el señor Mauser, me agredieron los jefes porque se suponía que no debía saber más que ellos.


 Y cuando tiré una piedra que simulaba ser una bomba de mano, di a un teniente que estaba detrás y que vino pistola en mano; mi sargento le detuvo diciéndole: "No, mi teniente, no: es que es tonto". Ante esta evidencia me dejó en paz.


Eduardo Haro-Tecglen, Tontos, sabios y militares

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