Como en la casa de Barba Azul había en el sótano una habitación cerrada a la que teníamos prohibida la entrada. Siempre que recuerdo a Lorenzo recuerdo sus habitaciones cerradas.
Lupe y yo tratamos de no pensar en ese espacio porque sólo podía ser una trampa, quizás la razón de ser de todo aquello. Al principio la táctica fue no hablar de ello, pero descubrimos que de lo que no se habla se vuelve cada día más grande y cuando estaba apunto de estallar decidimos hablarlo sin tapujos.
Lupe fantaseó con un lugar blanco muy iluminado, con una cama grande en medio y un espejo cubriendo el techo. Si le preguntaba por qué blanco, por qué una cama en medio y por qué el espejo en el techo respondía "Cosas de Lorenzo, ya sabes".
Yo no sabía, pero pensaba en lo mismo que ella aunque no se lo decía.
Nazaré Lascano
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