sábado

Mis viejos

Mis viejos siempre celebraban su aniversario de boda. Era una situación que rozaba lo estúpido, no por la celebración en sí sino porque el resto del año no compartían más que un piso y una hija.

La mañana del aniversario podías verlos abrazados en mitad del pasillo o desenvolviendo  paquetitos con regalos que habían estado preparando durante días. 

Cuando fui consciente del sinsentido de todo aquello me hervía la sangre y deseaba gritarles a la cara que eran unos hipócritas y unos descerebrados.

Pero no lo eran, de verdad que no lo eran.

Nazaré Lascano

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