Desde que está muerto Darío Varona experimenta el tiempo de una manera que se parece al lenguaje cinematográfico.
En este nuevo estado hay múltiples elipsis, flashbacks que asume con expectación y naturalidad y flashforwards que, con frecuencia, le hacen perder el hilo.
Hay también cámara lenta y rápida y congelación de la imagen a demanda.
Darío Varona lamenta no haber ido más al cine y piensa que, sin duda, los cinéfilos saben manejarse mejor tras la muerte.
Nazaré Lascano
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