A Tomás le gustaría hacer cine, pero sabe que el cine es luz y la luz que él necesita es la que se da en el momento único y estrafalario de la lluvia en un cielo soleado.
Sabe que rodar un largometraje manteniendo ese tono de luz acuoso es muy complicado, como complicado es mantener a los actores y las actrices con racor cuando las gotas de lluvia están cayendo constantemente en su ropa, en su rostro y en su cabello.
Por eso Tomás renuncia al cine, por eso y porque en el teatro es más fácil llegar a un acuerdo tácito con la gente.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario