martes

Las chicas altas

Alguien en clase dijo que no le gustaban las chicas altas y, desde ese día, Lupe y yo empezamos a caminar de puntillas.

Nuestros movimientos eran nuevos, parecía que flotábamos o que navegábamos entre los pupitres y, además, veíamos a los compañeros un palmo por debajo.

Nos gustó tanto que de la clase pasamos a los pasillos, de allí al patio del instituto y del instituto a la calle sólo había un paso.

Estuvimos mucho tiempo andando de puntillas, sin darnos cuenta caminábamos más deprisa, tiesas como aves zancudas. Durante esas semanas vi gente que se reía, que nos llamaba idiotas o que nos tiraba piedras, pero Lupe y yo cada día estábamos más cómodas y sólo cuando entrábamos en casa recuperábamos nuestro antiguo estado natural.

Hasta que una mañana cualquiera Lupe llegó caminando con normalidad calzada con unas botas de montaña, fue la primera que se dio cuenta de que ya nadie miraba, ni insultaba, ni tiraba piedras. 

Nazaré Lascano

No hay comentarios: