Darío Varona comienza a darle otro significado a los sentidos y a cómo los recuerda.
Comprende el universo a través de lo que siente, pero sólo cuando lo asocia a alguna vieja sensación almacenada, sea grata o no, dolorosa o no, en miles de grados, en multitud de tonalidades.
Le llega a la memoria, por ejemplo, el ruido metálico y vibrante de la tapa de alcantarilla que los coches pisaban con sus ruedas delante de su piso familiar cuando era niño. Ese ruido desacompasado y sin, embargo, repetido vuelve a Darío contándole tantas cosas que si el tiempo existiera estaría años encajando las piezas.
La vibración del aire producida por el neumático sobre el metal fundido y redondeado lleva en su archivo cada día, cada origen y destino, cada coche, cada conductor, cada pasajero, cada canción, cada verso, cada palabra.
Nazaré Lascano
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