El pavor de ver achicarse el resto por consumir se deshace pronto al considerar que nada más allá de este momento está garantizado y, consecuentemente, cada segundo constituye un obsequio en sí. Esto, claro está, en el supuesto de que a uno le interese la vida. Pero interesando, el hecho de vivir proviene directamente de la ajenidad.
De la misma manera que nacer fue invención de otros, la muerte no es siquiera de sentido común. Nacemos por un azar y morimos envueltos en él. ¿Para qué, por tanto, azorarse? ¿Para qué contar? Cada instante, cada año nuevo, es una cortesía de la arbitrariedad.
Vicente Verdú
No hay comentarios:
Publicar un comentario