Una noche, después de emborracharme con Amparo, soñé que la ciega era yo.
En el sueño hablaba con autoridad de ciega y explicaba cómo no echaba de menos la vista y que incluso había empezado a olvidarme de los rostros de la gente que conocía.
Entonces Amparo, que ahora veía y que nunca había sido ciega, me preguntaba cosas idiotas como si podía sentir deseo sexual sin ver un cuerpo o apetito sin ver un plato.
Me dio tanta vergüenza que me desperté. Y cuando desperté me dio más vergüenza.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario