Ha muerto Agustín, ha muerto Agustín.
No soportaba oírlo, a los vecinos, a la familia, a los compañeros de trabajo.
Me sentía expuesta y que le exponía a él, como si su cuerpo muerto estuviese delante de todos, frente a sus puertas o tirado en el suelo en medio del corro de gente que hablaba.
Me resultaba más duro oír esa frase que verlo yo misma. muerto allí en medio, partiendo en dos la historia de mi vida.
Nazaré Lascano
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