Cuando ves llegar a un muerto
A las buenas ideas no se las ve llegar: se manifiestan de súbito, como el espíritu de un muerto. Cuando ves llegar a un muerto, es que no se trata de un muerto, sino de alguien que nos lo recuerda.
En cambio, un día abres la nevera, sacas el pescado que compraste ayer y notas que su ojo es el ojo de tu padre extinto.
La sensación dura poco, porque enseguida vuelve a ser astutamente el ojo de un salmonete. Pero durante una fracción de segundo tu progenitor se asomó a ti a través del pescado. Lo sabes, lo sabes, no lo podrías explicar, pero lo sabes. Por eso mismo, porque no lo podrías explicar, lo guardas para ti. Luego arrojas el pez a la sartén y aquí paz y después gloria.
Juan José Millás, La página treinta y dos
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