martes

La civilización

En aquel mundo que nunca pudimos soñar porque no éramos conscientes de la irrealidad, los primates no evolucionaron.

Que nadie se apure, la civilización existió de la única manera que suceden las cosas que no pueden hacerlo de otra manera. 

Claro está que no existía la Argentina, ni la mitología griega, ni los juegos de naipes o el cristianismo. Existían otras cosas mejores y también peores.

En aquel mundo que a los primates siquiera nos era permitido soñar, la especie evolucionada fue la de los felinos. Sí, un mundo de leones, pumas, tigres, leopardos y gatos evolucionados, pensantes, crueles como cualquier ser inteligente y creadores de una civilización terrícola en la que había lugar para la arquitectura aérea, la botánica experimental, los cubículos estrechos, y normas muy detalladas sobre el salto de altura, la caza por acoso y el protocolo del ronroneo.

Terry Salgado

lunes

Una permanente disonancia cognitiva

¿Qué duración, qué tiempo de vigencia tienen otras habilidades? Aún menos. Reparar cintas de cassete es de las más breves: no supo hacerlo mi papá, no la tienen mis hijos. Mi papá me enseñó a perforar cintas para télex en 1974. El fax lo volvió innecesario ocho años más tarde. 

En contraste, puedo asegurar que un gran número de mis antepasados, (quizá todos) sabían martillar un clavo, desplumar un pollo, defecar al aire libre, coser una herida, reparar una carreta de juguete, acertarle a una autoridad corrupta con un huevo podrido. No estoy seguro de si esos duraderos skills se han perdido o los perderán mis nietos, pero sé que ahora son mucho menos visibles, si no innecesarios o políticamente incorrectos.

Como ya se adivina, hay una permanente disonancia cognitiva que parte de la (atroz) diferencia entre nuestros esfuerzos de adaptación a un entorno cambiante, que son efectivos, con el cambio que vuelca realidades justo allende nuestra piel. 

Nunca parecemos estar adaptados. Esta disonancia entre contexto, sintaxis (física y metafórica vs. íntima y lingüística) y “yo” suelta toda clase de jugos por nuestros conductos, y genera la continua sensación de no estar en control: ni de nosotros mismos ni de nuestro entorno.

Enrique Prochazka, Desamparados, y orgullosos de estarlo, (Ponencia en la Casa de la Literatura peruana, febrero de 2020)

Cosas que no existen

En el universo hay más cosas que no existen que las que existen.


Ignatius Farray


viernes

Salir ileso de Madrid

Algo ocurre en Madrid con las aceras. 

Golpean con más fuerza y destrozan el tacón del zapato alto hasta hacerlo estallar en pedazos. Es la única capital en la que, incluso descalzos, las palabras se clavan en la planta de los pies. 

Madrid lo tiene todo: la letra y el puño (americano), que embellece a los encantados de haberse conocido. No hay esquina ni revelación de paso de cebra de la que alguien pueda salir ileso.

Cosas que nunca he soñado

Adele veía el mar desde la ventana de su dormitorio.

Era solo un piquito de mar, un ángulo azul en el extremo superior izquierdo de su ventana, pero para los hombres de interior como yo, ver el mar desde casa es algo así como una metáfora de lo salvaje, un especie de fantasía infantil o de utopía erótica.

Escribí a Adele sin pensarlo demasiado, quizás gracias al calor que me impedía dormir o a las cervezas que seguían golpeando mis instintos y ayudándome a imaginar lo feliz que estaría haciendo cosas que nunca he soñado, como pasear descalzo por la playa, comer pescado fresco y vivir con menos de lo que vivo.


Hola Adele.
Me llamo Juan y vivo en España. ¿Cómo eres? Si quieres podemos ser amigos, siempre que tengas una edad suficiente para recibir cartas de un hombre adulto. Si no es así, olvídate de lo que acabo de decirte, sobre todo de la primera pregunta.

Sin duda era la carta de un borracho, pero de un borracho prudente.

Juan Fernando Rendes, Lascas de tiempo


jueves

Carne de Spam

En primavera empecé a bucear en mi bandeja de correo basura.

La palabra está bien empleada, entre la basura uno puede encontrar objetos extraordinarios perfumados de un suave olor dulzón.

Entre los emails desechados por mi ordenador había una dirección que se repetía, en ella aparecía el nombre Lolita, un apellido sospechosamente sonoro y una retahíla de números sin aparente sentido. Sin duda era carne de spam.

Lolita no era un enlace a una pagina porno, ni una joven rusa deseando encontrar a un español que le pagara el viaje a Madrid con la promesa de amor eterno.
Puede que estuviera buscando algo de eso y que mi primera reacción fuera decepcionarme ante una especie de cartita inocente en la que una jovencita con acento latino buscaba algo así como un amigo, o el azar, o una de esas tonterías de adolescentes.

Me reí un rato y eliminé el mensaje, después salí a la calle e hice algunas de esas cosas  que suelen hacer los hombres solos de mediana edad en Madrid, es decir, tomé unas cervezas, compré algo para cenar y hablé con unos amigos sobre un trabajo pendiente. 

Volví tarde a casa y, sin darme cuenta, volví a mi correo basura para seguir leyendo a Lolita. Lo primero que supe es que su nombre era Adele. ¿Qué nombre de mierda era ese?

Juan Fernando Rendes, Lascas de tiempo

Simular

Cuando veía a Marcel Duchamp jugando al ajedrez en el Café Melitón de Cadaqués, no sabía que aquel hombre se había retirado de la pintura y había convertido su vida en una obra de arte. 

Yo entonces tenía diecisiete años y sólo veía a un francés que jugaba todos los días al ajedrez. Fue unos años después cuando me enteré de que había estado viendo a un hombre sabiamente liberado de todas las ataduras estúpidas del arte. 

No niego que hace tiempo que me tienta la idea de situarme en la estela duchampiana, pero creo que, de dar ese paso, necesitaría de un escritor que fuera testigo de todo, que me siguiera y lo narrara, es decir, tendría que contratar a un escritor que contara cómo abandoné la escritura, cómo me dediqué a convertir mi vida en una obra de arte, cómo dejé de escribir y no lo pasé nada mal. 

Dos posibilidades ante esto: 
1) pongo un anuncio y busco a un escritor que esté dispuesto a contar lo que hice después de haber abandonado la escritura; 2) lo escribo yo mismo: me invento a un escritor contratado que sigue mis pasos después del abandono y escribe por mí un dietario, donde piadosamente simula que no he dejado la escritura.

Enrique Vila-Matas, Dietario voluble

martes

Pequeño destino

Fue entonces cuando súbitamente se acordó de las palabras informativas de la amiga, por teléfono: «Queda más o menos cerca del estadio de Maracaná». Frente a ese recuerdo comprendió su engaño de persona tonta y distraída que sólo escucha las cosas por la mitad, y la otra queda sumergida. La señora Xavier era muy distraída. Entonces, pues, no era en Maracaná el encuentro, era cerca de allí. 

Entretanto, su pequeño destino la tenía perdida en el laberinto.

Clarice Lispector, La búsqueda de la dignidad

lunes

Historia de España XVII

Su simpatía era tan avasalladora y sus carcajadas tan bienhechoras que España cambiaba espectacularmente de la noche a la mañana, porque eran esos mismos taxistas de Madrid los que contagiaban la revolución de los claveles y la risa: una risa que, por arte del polvo mágico, se extendía hacia los obispos fundamentalistas y el personal de Iberia y acababa pulverizando literalmente la mala leche tradicional de los franquistas. 

Y todo el país reía y reía. Ya no se escribían más novelas sobre la guerra civil y había una gran fiesta en la antigua casa trágica de Bernarda Alba.

La revolución llegaba a España a través de sus bases más trogloditas y contagiaba al resto de ciudadanos. La risa es el fracaso de la represión, se oía decir por todas partes. Y taxistas de Madrid y comandantes de Iberia se convertían en la élite intelectual más importante de Europa. Y todos reíamos. Los obispos españoles también.

Enrique Vila-Matas, Dietario voluble

viernes

Poca vergüenza


chicadecente, july. 20th, 2021 at 11:19 to: robertopintado@hotmail.com

¿Qué tal Roberto?

Aprovecho mis cortas vacaciones para escribirte ¿sabes que estoy tumbada como una reina junto a la piscina del hotel? ¿y que me estoy poniendo al día con mi Nazaré Lascano? 
Estoy realmente feliz!!!

No he podido por menos que escribirte para pedirte (por favorrrr) el final de esas historias que vas dejando como mordiscos y que me ponen la imaginación a 100 y me provocan un hambre feroz de Lascano. 

¿Por qué nos haces esto, Roberto? Es una técnica literaria o solo que nos quieres torturar?

Me he quedado muy pillada con la historia de Tina y sus fotos. ¿Sabes que yo misma hice algo parecido cuando era una jovencita? Era algo que casi tenía olvidado y el relato de Tina ha hecho que lo recuerde y me ponga colorada, ¿cómo pude hacer eso? ¡Qué cosas tenemos en nuestras vidas! ¿Sabes que he buscado y encontrado alguna de aquellas fotos?  Qué ingenuidad y qué poca vergüenza jajjaja. 

Si quieres te mando alguna para que veas que sigo siendo igual de inconsciente y que no te miento, pero ni hablar de publicarlas eh? Bueno podemos negociar un precio jajajaj.

Tengo un Blodymary a medias y se me están acabando tus últimos post, ¿te puedo encargar alguno para el verano? Pago bien.

chicadecente


lunes

Sonetos en la Gran Vía

Dieta literaria: de entrantes, refranes españoles; de primer plato, fragmentos presocráticos; de segundo plato, monólogos italianos, y de postre sonetos portugueses.

Benito Romero

domingo

Verano de interior

No sé qué tiene las tardes de verano en la Gran Vía que (casi) nunca te consigo ver.


Sergio M. de Lorenzo



sábado

Nubes grises en el techo del salón

Esta mañana, nada más levantarnos, hemos visto las primeras nubes grises en el techo del salón, junto a la lámpara. Papá estaba sentado en el sofá, todavía en pijama, con ese gesto serio que se le forma en la cara los días de lluvia y mamá andaba tapando los muebles para que no se mojaran con el agua. 


En casa, las lluvias lo mismo duran un instante, y enseguida asoma un arcoíris por detrás de la televisión, que se prolongan durante varios días.


Ernesto Ortega Garrido, Días de lluvia

jueves

Integrarse en el ambiente

—  Le dije al taxista que estaba muerto, que yo estaba muerto.
— ¿Por qué le dijiste eso? ¿ya estabas borracho?
— Que va, lo hice sin pensar, sé que a los mexicanos les gustan esas cosas de la muerte y tal.
— ¿Quisiste impresionar a un taxista de Ciudad de México?
— No, no. Esas cosas les gustan, pero no les impresionan.
— ¿Qué te respondió?
— Solo dijo ¿dónde le llevo caballero?
— ¿Caballero?
— Deben pensar que los españoles somos todos hidalgos por lo menos.
— ¿Y dónde te llevó?
— Le dije que me llevara a un sitio en el que hubiera chamacas y me pudiera divertir.
— ¿Chamacas?
— Me gusta integrarme en el ambiente, güey.
— Qué mala pinta tiene esto. 

Pablo J. Mendigurría, Viaje de vuelta


martes

Cosas que no son obvias

— ¿Cómo te metiste en asesoría financiera?

— Las estadísticas indican que es una de las profesiones de mayor crecimiento. Las ciencias actuariales también experimentan un gran crecimiento.

— Está bien. Me gusta el equilibrio. Me gusta descubrir cosas que no son obvias. Además, mi papá era contador.

El contador (Gavin O'Connor, 2016)



lunes

Recortes

El cobarde siempre acude a las citas dando un rodeo.


Florencio Luque

domingo

Nadie debe saberlo

Busqué en la letra pequeña del catálogo. La empresa tenía una dirección en un polígono industrial de Barcelona. Me imaginé buscando a aquella chica entre naves de talleres mecánicos y artículos de metalurgia.

También había un teléfono. Llamé. Era un número de atención al cliente y tuve que inventar que era un publicista que tenía que contactar con el estudio fotográfico que había hecho el reportaje. Tartamudeé demasiado y me colgaron dos veces, al tercer intento me dieron el número de las oficinas centrales.
 
Tuve que volver a contar mi historia otras tres veces, me inventé una empresa de publicidad 'Sol de Oriente' y que llamaba en nombre del director, un tal Emiliano Recalde. Me creyeron y acabaron facilitándome el nombre de una empresa de representación de actores y modelos con sede en Madrid.

Me estaba acercando.

Una mañana me corté el pelo, me puse una chaqueta de cuero negro y me fui hasta allí. Les dije que quería ser modelo, esperé en una sala llena de fotos de chicas sonrientes anunciando productos que prometían la felicidad. 

Pasé a un despachito lleno de ficheros en el que una secretaria muy amable, con los labios más rojos que jamás había visto, me habló de la necesidad de hacerme un book y me extendió un impreso para que lo rellenara, yo saqué la foto de mi chica recortada del catálogo y la puse encima de la mesa.

— ¿Conoce a esta chica?

La secretaria miró la foto con extrañeza, después me miró a mí y me respondió con la última frase que esperaba oír.

— ¿Eres policía?

Para equilibrar la escena yo también respondí de la peor manera que se me ocurrió.

— Sí, pero no debe saberlo nadie.

Terry Salgado, Personajes de fotonovela. (Cuentos sin moraleja)


sábado

El catálogo

¿Alguna vez os habéis fijado en esas chicas que salen en los catálogos de ropa interior?
Cuando tenía 19 años me enamoré de una de ellas.

No era una modelo espectacular vestida con prendas de lencería fina de color negro con medias y ligueros, no era una modelo de una marca internacional, solo era una chica de unos veinte años, sonriéndome desde la sección de ropa interior de un catálogo de una tienda de venta por correo que le llegaba a mi madre todos los meses y en la que se anunciaban prendas sencillas de colores inocentes.

Estuve ojeando ese catálogo en la cocina, mientras desayunaba y, cuando encontré a aquella chica me quedé con la mirada fija, incapaz de despegar los ojos de aquella foto.
Tenía la piel morena, los ojos ligeramente rasgados, el pelo negro y ondulado, la nariz pequeña, y vestía un sujetador blanco a juego con unas braguitas. Nada especial, si acaso que sonreía, que me sonreía desde algún instante.

Recorté la hoja y estuve toda la mañana dándole vueltas a esa fotografía. Por la tarde decidí buscar a esa chica.

Terry Salgado, Personajes de fotonovela (Cuentos sin moraleja)





jueves

La fila interminable

El azar no escoge, propone, fue el azar quien le trajo la mujer desconocida, solo al azar le compete tener voto en esta materia, No le faltan desconocidos en el fichero, Pero le faltan los motivos para escoger a uno de ellos y no a otro, uno de ellos en particular y no uno cualquiera de todos los otros, 


No creo que sea buena regla de vida dejarse guiar por el azar, Buena regla o no, conveniente o no, fue el azar quien le puso en manos de aquella ficha, Y si la mujer fuera la misma, Si la mujer fuese la misma, entonces el azar sería ese, Sin otras consecuencias,


Quiénes somos nosotros para hablar de consecuencias, si de la fila interminable que incesantemente camina en nuestra dirección apenas podemos ver la primera, Significa eso que algo puede suceder todavía, Algo no, todo, Vivimos tan absortos que no reparamos en que lo que nos va aconteciendo deja intacto, en cada momento, lo que nos puede acontecer, quiere eso decir que lo que puede acontecer se va regenerando continuamente.


José Saramago, Todos los nombres

sábado

Fiesta de cumpleaños

–¿Qué era, según la llamaban ustedes, una «fiesta de cumpleaños»?

–Una fiesta que se organizaba en honor de un piloto que había sobrevivido a una situación que debería haberle matado. Tuvimos muchas, la verdad.


Entrevista al piloto alemán Erich Hartmann (1993)

Frecuentes distracciones

Una hormiga censurada por la sutileza de sus cargas y por sus frecuentes distracciones, encontró una mañana, al desviarse nuevamente del camino, un prodigioso miligramo.

Juan José Arreola, El prodigioso miligramo


viernes

La riña

[...] es un óleo al seco en el que destaca, ante todo, la tenue elección de pinturas empleadas en la obra, en la que apenas hay contrastes ni claroscuros, pues prima en ella la sombra y la distorsión. 


La obra representa una riña entre dos villanas -entendamos por villanas a campesinas o habitantes de una villa- peleando entre sí.


Las formas, como en muchas otras de sus obras, se vuelven a perder. Todo parece estar un tanto difuminado y, aunque no es una obra impresionista, no existen líneas claras más que en unos cuantos elementos de la composición. 


Goya se adelanta a su tiempo, tanto en composición como con su pincelada suelta previa al impresionismo. A pesar de la violencia de la escena son, al fin y al cabo, formas suaves. 


Y es que esta obra parece tener un poco de todo: barroquismo, expresionismo, romanticismo, futurismo e impresionismo; y eso es lo que hace que Goya sea una figura tan importante y particular para la Historia del Arte.


herodotoycia.com

jueves

La manzana

marluz 34, june. 07th, 2021 at 00:12  to: robertopintado@hotmail.com

Hola Roberto.
Te escribo tras un semana leyéndote con exceso. Me habló de tu blog una expareja, no sé con que intenciones, al principio no le hice caso, pero una noche de insomnio acabé pasando del porno a tus relatos, ya me perdonarás. 

He leído cosas que no me han dicho nada y otras que me han hecho bailar las neuronas, no sé si estoy letraherida o tontita perdida, el caso es que vuelvo a esta web constantemente como a la manzana prohibida.

Si me preguntaran por qué lo hago no tendría una respuesta decente.

¿Dónde está lo real en este blog? ¿en esas fotos trucadas? ¿en esos textos plagiados? ¿en las flipantes alumnas de literatura italianas? ¿En esa mentira con acento argentino llamada Nazaré Lascano? ¿en ti mismo Roberto Pintado? 
Ya sé que estarás contento con una carta así, te doy permiso para publicarla pero no me respondas, prefiero el misterio.


Escribe más mentiras por favor.

M. Luz

martes

El absurdo en México

Héctor era mexicano, de tal manera que el absurdo no le espantaba.


Subcomandante Marcos
Muertos incómodos


domingo

De la tierra al cielo

Pero no se podía hacer otra cosa que mirar a la Maga tan hermosa al borde de la rayuela, y desear que impulsara el tejo de una casilla a otra, de la tierra al cielo.

Julio Cortázar, Rayuela

Grandes relatos

Quédate aquí, mamá y yo te esconderemos.


sábado

A vueltas con el calcetín

Richy L., jun. 03th, 2021 at 01:59 to: robertopintado@hotmail.com


Mis felicitaciones a la autora del relato No lo recordaba. No sé la edad de esta chica, aunque la supongo joven, al parecer es de una clase de literatura española en un instituto italiano. Espero que siga escribiendo tan bien y con tanta intensidad. 

Por poner un pero, y esto se lo pregunto a usted directamente, señor Pintado ¿usted cree que es creíble lo del calcetín de colores? ¿Alguien ha cambiado el texto original por alguna especie de censura, moralidad o algo peor? ¿no cree que todo adquiere un mayor sentido si en la lavadora alguien hubiera puesto unas braguitas rojas y no un poco creíble calcetín de rayas verdes?

Aún así el relato es excelente y mis felicitaciones para su autora. Ojalá le dé usted más espacio a estas chicas y se lo vaya quitando a su querida Nazaré Lascano de la que, yo al menos, estoy un poco saturado.

Gracias por el blog y un cordial saludo-
Ricardo L.

Matemáticas

A veces, cuando paseo por Roma, cuando viajo en autobús o voy en el coche de mis padres, imagino que los balcones y las  ventanas de los pisos son cajones de un escritorio, y que yo tiro de ellos y sale una casa entera y me entero de la vida de la gente que vive ahí dentro, dónde trabajan qué leen, que buscan en Internet, que sueñan, a qué le tienen miedo. 


Esa gente archivada en los bloques de toda Roma, de toda Italia, de todo el mundo tienen vidas únicas y yo imagino que las conozco todas. Entonces papá me pregunta qué tal ha ido el cole, me dice que no me entero, que tengo que estudiar más matemáticas, y yo veo que el que no entiende nada es él.


Giuseppe R. Limeri 

viernes

Cartografía

Con esta obra [El cartógrafo], que lleva por subtítulo Varsovia 1: 400.000, Juan Mayorga quería indicar que la decisión de la escala implica una connotación moral, ya que es la propia escala la que permite visualizar unas cosas y no otras. 

En esta línea, el autor se confiesa convencido de la existencia de una correspondencia entre cartografía y teatro, pues, como en un mapa, en una obra de teatro también subyacen preguntas morales y políticas.

Siguiendo con su poética, afirma que el teatro, cuando cumple con la misión que tenía para los griegos, convoca a la ciudad y le ofrece un mapa de sí misma para que esta se haga preguntas y vea las ciudades invisibles, las pasadas y las futuribles.

Conferencias de Juan Mayorga los días 26 y 28 de abril de 2011 en la Fundación Juan March

miércoles

Recomponerse

Siempre hay una nueva composición en el noble arte de recomponerse.


Daniel Mocher

sábado

Levantar la cabeza

Alguien me ha dicho que los escritores vivimos —me incluyo— tan ensimismados que somos incapaces de levantar la cabeza para mirar qué ocurre realmente a nuestro alrededor.
 

Álvaro Colomer

viernes

Cerraduras con ojos

Cuando era joven, mucho antes de llegar a Roma, el abuelo de mamá se dedicaba a mirar a través de las cerraduras de las casas de su pueblo, cerca de Potenza.

Por lo que dicen su lugar favorito era la pensión del pueblo, una especie de casa de huéspedes donde paraban a descansar las mujeres que viajaban a Salerno o a Bari para vender productos del campo. 


Le descubrieron muchas veces, y en muchas ocasiones tuvo que salir  corriendo de allí, pero tenía una afición tan grande que volvía a hacerlo una y otra vez.


En una ocasión lo arrestaron los guardias y, otra vez, el párroco lo puso en ridículo en medio de la misa, delante de todo el pueblo. Ese día, por culpa del cura, le pusieron el mote que llevaría toda su vida y por el que se conoce a mi familia: Serratura, cerradura en italiano.


Pienso que al abuelo le hubiera gustado mucho vivir en una época como la nuestra, con tantas posibilidades de mirar la vida de la gente. 


Sé que mamá odia ese mote, aunque la mayoría de la gente del pueblo no saben de su origen, pero a mí me encanta porque me parece que yo soy un poco como el abuelo y que me encanta mirar a través de los ojos de las cerraduras, y saber de la vida de la gente, aunque ahora no haya cerraduras con ojos.


Beatrice Serradura

Gracias Roberto por sus consejos. Me gustaría que publicara mi historia y que le guste mucho a los lectores en español.
B.S.

jueves

domingo

martes

El anillo de Carlo

Conocí a Carlo cuando aún no sabíamos nada de virus, ni que el mundo iba a cambiar tan rápido. 


Había llegado a Roma ese verano, era el primer curso que estaba en nuestra escuela porque había estado seis años viviendo en España.

Es por culpa de Carlo que me apunté a clases de español.
Su padre había sido profesor en una Universidad española, era experto en literatura italiana.

Carlo miraba todo con mucha curiosidad, pensaba las palabras como si le costara volver a hablar en italiano y cuando acababa una frase siempre decía "¿vale?"

Empecé a hablar de él a todas horas y mamá me dijo que le invitara al apartamento de Torvaianica.

No lo hice, no me atreví. Es raro que yo me atreva a algo, aún no sé si entregaré este relato para enviarlo al blog de literatura española.

A veces pasan cosas que no esperas. Una tarde, a principios del verano, mamá me mandó llevar a la lavandería la ropa de cama. Quería lavarlo todo antes de guardarlo en el armario. Tuve que ir yo porque estaba castigada por un asunto del que prefiero no hablar. 

Seguro que piensan que Carlo estaba lavando su ropa en la misma lavandería.
No estaba, lo que ocurrió fue que me encontré un anillo con un diamante enorme en el fondo de la lavadora.

No he vuelto a ver a Carlo, pero tengo un anillo espectacular en mi dedo anular. Y sigo con mis clases de español.

Sonia Lorenzi

lunes

Un lenguaje común

Una noche me lo encontré en el café La Habana. Casi no había parroquianos y el Ojo estaba sentado junto a los ventanales que daban a Bucareli con un café con leche servido en vaso, esos vasos grandes de vidrio grueso que tenía
La Habana y que nunca más he vuelto a ver en un establecimiento público. 


Roberto Bolaño, Putas asesinas

domingo

No lo recordaba

Un día apareció entre la ropa tendida un calcetín que nadie conocía.

Era un calcetín de chica de rayas horizontales rosas, verdes y amarillas que destacaba entre la ropa interior blanca recién sacada de la máquina lavadora.

—¿De quién es este calcetín? —preguntó mamá—  Ha estado a punto de echar a perder toda lo ropa blanca.

Mamá siempre nos compraba braguitas blancas a mí y a Helena.
El calcetín no era de nadie.

A la hora de la cena hubo reunión familiar. Papá había traído canelones del restaurante de comida para llevar.
Allí estaba el calcetín, encima de la mesa, junto a la caja de canelones.

—No es mío —dijo Helena—  lo juro.
—No es mío —dijo mamá— ni siquiera me vale.

Papá no dijo nada. Solo miraba la caja con los canelones como el que mira una puerta cerrada.

—Es mío —dije yo—  y mamá me echó la bronca.
—¿Por qué no lo dijiste antes? ¿Eres tonta?
—No lo recordaba, mamá. No lo recordaba.

Giovanna Marcusso
(Grazie per averlo letto e per le tue parole, Roberto)

sábado

Soltar lastre

La tendencia natural de la mente humana es soltar lastre. Por eso se borran los recuerdos; por eso se acaban contando siempre los secretos.

viernes

Margherita

Hace unos días que no voy al instituto.

Me levanto como todas las mañanas a las siete y media. Tomo una rebanada de pan con mantequilla y café con leche muy caliente. Como todas las mañanas me despido de mi mamá y salgo a la calle. 

Mi calle tiene nombre de reina muerta, pero ella no lo sabe. Yo sí. Siempre yo busco la historia de las calles de Roma en Google. Mi calle es Via Regina Margherita, se llama así por la reina de Italia que se convirtió en viuda cuando el anarquista Gaetano Bresci asesinó a su marido el rey Umberto I.

He leído que Umberto I le era infiel a Margherita, lo que no impidió que fuera la viuda de Italia. Gaetano Bresci era de Toscana, como la familia de mi madre, y mató al su rey por la masacre de Bava Beccaris en la que el ejército mató a 80 personas que pedían pan y trabajo.

Me dedico a pasear por el barrio, a sentarme en una cafetería a leer, a conocer los mercados y a la gente que labora en las calles. Me he propuesto hablar todos los días con alguien. Y no es fácil porque yo soy muy tímida, pero creo que aprenderé más que en el instituto. 

Me acuerdo de un texto que leímos en clase de español en el que un hombre buscaba el azar en el garaje de su casa. Yo soy una chica con suerte y lo busco por las calles de Roma.

Estos días he pensado mucho en cuando era pequeña y visitaba a los abuelos en la Toscana. Seguramente yo tengo mejores recuerdos de la Toscana que Margherita. 

¿Ya he dicho que nos llamamos igual?

PD (Per favore commenta il mio primo testo in spagnolo!!)
 
;)

miércoles

Más Nazaré Lascano per favore

Isabella Rimini, may. 05th, 2021 at 21:11 to: robertopintado@hotmail.com

Ciao Roberto.

Soy profesora de literatura española en Roma y en mi clase seguimos tu blog con mucho interés y, en ocasiones, con apasionamiento. La mayoría de los estudiantes saben suficiente español y disfrutan mucho con tus textos y con las fotografías. Algunos alumnos han concluido que lo que haces es un nuevo género literario-fotográfico, tus post nos meten en un laberinto del que a veces no sabemos salir.

En ocasiones se sienten frustrados porque las historias no concluyen, yo les digo que se dejen llevar, que disfruten y ya. Pero no siempre me hacen caso :)

Tengo alumnos y alumnas que siguiendo tu estilo han escrito algunos textos que me gustaría enviarte ¿es posible? Estoy segura de que les haría mucha ilusión verlos publicados y comentados per te.

La mayoría están locos por leer a Nazaré Lascano. Más Nazaré Lascano por favore!!!
Te aseguro que La suerte es como un pez nos ha dado para llenar varias clases y hemos tenido discusiones muy acaloradas, sobre todo entre chicos y chicas!!
Gracias y un saludo con afecto de toda mi clase.

Isabella 

martes

Tiempo

(Tiempos.) ¿Pero ha habido alguna vez "tiempos felices"?


Rafael Sánchez Ferlosio


viernes

Felices los pobres de espíritu

Luis C. Sanz., may. 4th, 2021 at  01:43  to: robertopintado@hotmail.com

No entiendo nada señor Pintado, si es que hay algo que entender. Hace unos meses usaba su blog para mis clases de Literatura en el instituto de secundaria donde soy profesor.

Había post con los que no comulgaba pero eso hacía más interesante la lectura y la crítica, pero le aseguro que este que ha titulado Virgilio no hay por dónde cogerlo.

¿Se hubiera atrevido a publicar una escena en la que la abofeteada hubiera sido la mujer en vez de un hombre? Entonces... ¿Qué significa esto? 

El acompañarlo de una cita en latín no lo hace más culto señor Pintado.
En fin... Beati pauperes spiritu.

Atentamente 
Luis S.


Quédate callado

No es necesario que salgas de casa.


Quédate sentado a tu mesa y escucha atentamente. No escuches siquiera, limítate a esperar. Ni siquiera esperes, simplemente quédate callado y solo. 


El mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares, no puede evitarlo; extasiado, se contoneará ante ti.


Franz Kafka

jueves

El libre albedrío


A estas alturas estoy seguro de que todo el proceso que tuvo lugar en el noroeste de la India y que culminó con la creación del ajedrez, se produjo por génesis evolutiva, es decir, inicialmente se trataba de un juego de carreras que se fue transformando en juego de guerra, pero muy influenciado por la filosofía griega. 


¿Por qué? Porque la civilización hindú es fatalista, difícilmente podría admitir el libre albedrío, algo que sólo podría haber sido aportado por el pensamiento griego, que ya en el siglo V a.C. dividía los juegos en dos grupos: de azar y no de azar, y cuya esencia, por una serie de circunstancias históricas, pudo ser transmitido a la India en el siglo I de nuestra era. 


Repito que los griegos, con Platón, Aristóteles, etc., que han transmitido al mundo moderno la idea de que el individuo puede pensar libremente, modificar su propia existencia, son fundamentales para entender los orígenes del ajedrez.


Yuri Averbaj

martes

La causa de las cosas

Felix qui potuit rerum cognoscere causas.


(Dichoso aquel que puede conocer la causa de las cosas).


Virgilio, Las Geórgicas 

domingo

No es verdad

El mundo no es verdadero, sino real.


Fernando Pessoa

El absurdo en Madrid

El 4 de mayo hay elecciones en Madrid, las encuestas dicen que ganará la derecha con el apoyo de la ultraderecha. 


El neoliberalismo y el neofascismo caminado de la mano por las calles de Madrid pronunciando la palabra libertad como si pronunciaran "despido libre", "extranjeros delincuentes" o "Bautista prepáreme el baño". 


Sin duda estamos en medio de otro giro absurdo de la historia.