viernes

Cosas que nunca he soñado

Adele veía el mar desde la ventana de su dormitorio.

Era solo un piquito de mar, un ángulo azul en el extremo superior izquierdo de su ventana, pero para los hombres de interior como yo, ver el mar desde casa es algo así como una metáfora de lo salvaje, un especie de fantasía infantil o de utopía erótica.

Escribí a Adele sin pensarlo demasiado, quizás gracias al calor que me impedía dormir o a las cervezas que seguían golpeando mis instintos y ayudándome a imaginar lo feliz que estaría haciendo cosas que nunca he soñado, como pasear descalzo por la playa, comer pescado fresco y vivir con menos de lo que vivo.


Hola Adele.
Me llamo Juan y vivo en España. ¿Cómo eres? Si quieres podemos ser amigos, siempre que tengas una edad suficiente para recibir cartas de un hombre adulto. Si no es así, olvídate de lo que acabo de decirte, sobre todo de la primera pregunta.

Sin duda era la carta de un borracho, pero de un borracho prudente.

Juan Fernando Rendes, Lascas de tiempo


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