¿Qué duración, qué tiempo de vigencia tienen otras habilidades? Aún menos. Reparar cintas de cassete es de las más breves: no supo hacerlo mi papá, no la tienen mis hijos. Mi papá me enseñó a perforar cintas para télex en 1974. El fax lo volvió innecesario ocho años más tarde.
En contraste, puedo asegurar que un gran número de mis antepasados, (quizá todos) sabían martillar un clavo, desplumar un pollo, defecar al aire libre, coser una herida, reparar una carreta de juguete, acertarle a una autoridad corrupta con un huevo podrido. No estoy seguro de si esos duraderos skills se han perdido o los perderán mis nietos, pero sé que ahora son mucho menos visibles, si no innecesarios o políticamente incorrectos.
Como ya se adivina, hay una permanente disonancia cognitiva que parte de la (atroz) diferencia entre nuestros esfuerzos de adaptación a un entorno cambiante, que son efectivos, con el cambio que vuelca realidades justo allende nuestra piel.
Nunca parecemos estar adaptados. Esta disonancia entre contexto, sintaxis (física y metafórica vs. íntima y lingüística) y “yo” suelta toda clase de jugos por nuestros conductos, y genera la continua sensación de no estar en control: ni de nosotros mismos ni de nuestro entorno.
Enrique Prochazka, Desamparados, y orgullosos de estarlo, (Ponencia en la Casa de la Literatura peruana, febrero de 2020)
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