Miércoles, 21 de abril
No ha hecho falta reflexionar mucho ni pasar la vergüenza de llamarle. Darío Varona se ha presentado en mi apartamento.
Estaba apurado, me saludó con una ráfaga de excusas, dijo que al llamarme varias veces y al no encontrarme en los juzgados pensó que había tenido algún problema, buscó mi nombre en la base de datos de la policía, encontró mi domicilio y se había presentado. Parecía un adolescente atolondrado.
Yo no sabía si enfadarme o sentirme halagada, pero el hecho de imaginármelo mirando mis datos en el ordenador de la comisaría me parecía lo más excitante que me había pasado en mucho tiempo. Le invité a pasar sin soltar las riendas que había puesto en mis manos, es decir, sin dejar de hacer el papel de una ciudadana violentada por las fuerzas del orden.
Aquello pintaba bien por primera vez.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario