Si lo piensas, resulta asombroso que con tan solo las 27 letras del abecedario se pueda escribir El Quijote. O el manual de usuario del microondas. O el Código de Tráfico y Seguridad Vial. O la Biblia en verso.
Todo el lenguaje está cimentado sobre esa materia prima tan escasa, aunque capaz de combinarse de un modo diabólico.
Las letras, por sí solas, no son apenas nada, nada. Pero cuando se juntan, se repiten y ordenan de distintas maneras, el número de posibilidades crece de un modo que desafía a la razón.
Juan José Millás, La palabra justa
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