Nerea Palermo
No me gustó Nerea Palermo cuando la vi en el juicio. Es decir, me gustó, claro, pero no lo que decía, ni cómo lo decía. Nerea tenía poca voz, utilizaba demasiados tecnicismos y daba la sensación de que no había preparado bien el caso.
El fiscal la paró varias veces, la mandó callar y acabó diciéndole que volviera a su bufete y regresara cuando supiera de lo que hablaba.
Me dio pena y por eso la invité a tomar un café a la salida de los juzgados, la llamé cuando se alejaba por el pasillo dando pasitos cortos y rápidos metida en esa falda estrecha que días después vi colgada en la silla de su dormitorio.
Nazaré Lascano
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