Darío estaba estaba en pleno caso de la cabeza cuando se enteró de que era un cornudo.
Lo supo de forma brusca que es la mejor forma de recibir una mala noticia, porque todo llega de repente y te ahorras el sufrimiento estúpido de los preliminares.
Se lo soltó como se suelta un escupitajo en la cara un compañero con el que discutió por un asunto menor, a alguien se le olvidó llenar el depósito de gasolina del coche con el que iban todas las mañanas al vertedero.
Nazaré Lascano
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