miércoles

En la frontera

No me asombré de que el misterio de los crímenes girase en torno a la biblioteca. 

Para aquellos hombres consagrados a la escritura, la biblioteca era al mismo tiempo la Jerusalén celestial y un mundo subterráneo situado en la frontera de la tierra desconocida y el infierno. 

Estaban dominados por la biblioteca, por sus promesas e interdicciones. Vivían con ella, por ella y, quizá, también contra ella, esperando, pecaminosamente, poder arrancarle algún día todos sus secretos. 

¿Por qué no iban a arriesgarse a morir para satisfacer alguna curiosidad de su mente, o matar para impedir que alguien se apoderase de cierto secreto celosamente custodiado?

Umberto Eco, El nombre de la rosa

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