Darío Varona siempre intuyó que el viento era portador de algo importante.
En la infancia el aroma de los primeros días de verano o el humo de las hogueras de los gitanos, en la adolescencia los movimientos de las faldas de las chicas o el confeti en el estadio, y en la edad adulta las corrientes de aire que cierran las puertas y quiebran los cristales de las ventanas.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario