jueves

Ojitos de carnero

Admiraba a una compañera de secundaria porque todas las mañanas llegaba a clase con el pelo mojado. También me gustaba su nombre, 
recuerdo que se llamaba Libertad, aunque a ella sólo le servía para ser objeto de chistes estúpidos.

Libertad llevaba el cabello mojado incluso en invierno cuando era una heroicidad ducharse por las mañanas en una época en la que era tan caro y tan difícil calentar las casas.

Por eso me gustaba tanto Libertad, porque me la imaginaba en una casa grande, caliente y confortable, seguramente con más de un cuarto de baño para que nadie tuviera que esperar a que ella se lavara ese pelo castaño maravilloso.

Lo envidié todo de Libertad, su cabello con olor a camomila, sus padres jóvenes y libertarios, su casa grande y su bañito privado. Envidié incluso a los que compartían su vida, a sus posibles hermanos, a sus amigas con el mismo pelo que ella, y a su compañera de pupitre.

Ahora pienso que tuve que haberme acercado a Libertad, que si lo hubiera hecho seguro que hubiéramos sido buenas amigas y habría podido tocar a placer ese pelo mojado cualquier lunes por la mañana, habría podido oler sin vergüenza el aroma a camomila, y explicarle, entornando mis ojitos de carnero, que era mejor que lo secara bien antes de salir a la calle para no resfriarse.

Nazaré Lascano



No hay comentarios: