Por las noches, cuando mis viejos dormían yo abría la ventana de mi cuarto, cerraba la puerta y encendía un cigarro. Lo hacía siempre, aunque estuviera lloviendo o fuera muy tarde o ya hubiera fumado demasiado.
No lo hacía por rebeldía, ni siquiera por gusto, lo hacía porque estaba sola y era una forma de reconocerme, de notar el humo entrando poco a poco por los pulmones y el frío de la noche y, ojalá, las gotas de lluvia salpicando las paredes.
A veces pensaba que ahí abajo lo tenía todo, y otras que era una puta desgraciada.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario