Joana no había interpretado nunca a una mujer secuestrada, tampoco había interpretado nunca ningún papel, aunque sabía mentir con naturalidad.
El día del casting se vistió con una falda corta negra y una camisa blanca abotonada hasta el cuello y de manga larga, alguien le había dicho que había que saber combinar colores, geometrías y medidas.
Acertó.
La contrataron, claro está, por sus piernas, no por su experiencia ni por su actuación que fue nerviosa, timorata y envarada. Alguien, el guionista de la fotonovela, la defendió y mintió con convicción explicándole al editor que necesitaban a una modelo a la que le cayeran bien esos adjetivos.
El primer día nadie le dio un guion, así que Joana pensó que no era actriz. pero el guionista tenía centenares de páginas recién escritas con sus diálogos.
Nazaré Lascano
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