miércoles

Pegotes infinitos

De camino a casa, con el chicle de mi desconocido dando vueltas en la boca, me fijaba en si las personas con las que me cruzaban mascaban su propio chicle o si sería el de un desconocido. Para mi desgracia la mayoría no llevaban nada en la boca, como mucho un cigarrillo o, con suerte, una pipa. 

Más adelante, quizás otro día, me di cuenta de que el suelo estaba lleno de chicles pegados que formaban animales antediluvianos y constelaciones azarosas que estaba segura se reproducían en algún lugar del universo en una especie de equilibrio cósmico que una tarde decidí romper bajando a la calle con un cuchillo de cocina y raspando aquellos pegotes de goma de mascar.

Nazaré Lascano

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