El lugar ideal
Me encontré con uno de esos deshechos del álbum de la comisaría.
Yo iba caminando por una calle secundaria, era mediodía, hacía mucho calor, olía mal y tuve que salirme de la acera porque estaba llena de cajas vacías de fruta y de basura. Era el lugar ideal para alguien que quiere pasar desapercibido, pero yo también soy así y nos encontramos cara a cara.
Dio un respingo, ni siquiera lo había reconocido, su cara estaba más rellena, tenía un color menos amarillento que en la foto y vestía mejor, pero los ojos no cambian y cometió el error de mirar a los míos. Vi que era él sin saber quién era, vi el terror, la angustia y el disimulo. Pudo el terror y pasó por encima de la basura, se manchó la pernera del pantalón y no paró, sólo siguió caminando sin mirar atrás.
Yo me paré, saqué un cigarro y le llamé. "¡Eh, tú! ¿tienes fuego?" No tuvo más remedio que volverse, me miró desde lejos, trató de buscar una respuesta lo suficientemente neutra que le sirviera para continuar sin acercarse a darme fuego. No la encontró, se acercó rebuscando el encendedor en el bolsillo de una cazadora de cuero recién estrenada.
Cuando acercó la llama a mi cigarro le sujeté la mano que no dejaba de temblar.
Nazaré Lascano
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