martes

La imaginación de los celosos

No se engañen, por la ciega sentí celos, eran pequeños, suaves, podía llamarlos celitos si no fuera una pavada.

Me los imaginaba con el terror y la furia con la que imaginan los celosos, ella recorriendo desde la oscuridad el cuerpo de Jorge con sus manos de ciega, inventando su forma, recorriendo su sexo, figurándose en su mente el color de su piel.

Y él, como siempre, distante y malcriado, mirando al frente como si ni ella ni yo existiéramos, saliendo de la casa al alba, olvidando presente y pasado.

Podía ver las paredes del apartamento, el color de la madera clara de las puertas, el ruido del agua saliendo del grifo de madrugada, el olor del café. Me imaginaba a la ciega con su risa de ciega vistiéndose por la mañana, sin torpeza, y fallando estrepitosamente con los zapatos. 

Y después caminando con dificultad, pero llena de dignidad, por la avenida, hasta la parada de taxis.

Nazaré Lascano

lunes

El método del éxito

Al contrario de lo que hacía el resto de investigadores de la policía que utilizaban el método deductivo Darío Varona usaba el método inductivo.

De esta manera, mientras sus compañeros iban de lo general a lo particular y llegaban a limitar un hecho concreto, Darío iba de lo particular a lo general y acababa teorizando sobre crímenes que tenían su origen en otro lugar o, más a menudo, en otro tiempo. 

Esto le proporcionó enormes fracasos y éxitos extraordinarios, en ocasiones tan grandes que nadie los entendió del todo.

Nazaré Lascano

Un libro cerrado

Me gusta quedar con Snail Girl en la biblioteca, vernos allí sin haber quedado a ninguna hora, encontrarnos sin habernos buscado.

En realidad yo sí la busco a ella. 

Cuando entro respiro hondo, y me paseo distraído entre las estanterías, y acaricio con las yemas de los dedos los lomos de los libros tratando de encontrar su rastro.

No voy a hacer un triste listado de los títulos por donde ha pasado Snail Girl, porque no voy a la biblioteca por ellos sino para verla sentada, junto a una ventana, bajo un rayo de luz, con un libro cerrado sobre su regazo.

Terry Salgado

La línea imaginaria

Siempre que cortaba pan con un cuchillo de sierra Jorge me miraba con curiosidad, de una manera que no se suele mirar a quien corta pan, arrobado como un santo católico, casi con placer.

Cuando le preguntaba por qué me miraba así sonreía, o se ponía colorado y trataba de explicarse con frases de todo tipo:

"Nunca vi cortar el pan tan bien como lo haces tú".
"En mi casa teníamos prohibido cortarlo con cuchillo".
"Me encanta cómo brillan tus ojos cuando me miras después de cortar el pan".
"Cuando estás cortando pan siempre estoy temeroso, esperando que te cortes en la mano y tu sangre nos salpique al pan y a mí".
"Cada vez que usas el cuchillo siento cada movimiento de la sierra en el interior del vientre".
"Me quedaría a vivir contigo para siempre por la manera en cómo pones la mano izquierda sobre la barra, ajustas el cuchillo con la derecha, introduces el pico y vas serrando, poco a poco, con firmeza, sin salirte de tu línea imaginaria".

La vida junto a Jorge fue como esa línea.

Nazaré Lascano

Contra la melancolía

Mientras que hay muchas mujeres que durante los atardeceres lluviosos caen en la melancolía, Snail Girl conservaba el aspecto de una diosa nórdica en medio de una fiesta de fin de año.

Terry Salgado

domingo

Su yo despierto

Jorge decía que le ponía nervioso cuando, en mitad de la noche, yo hablaba en sueños. 


Creo que mi subconsciente lo entendió y dejé de hacerlo. Y creo que, por eso mismo, yo no le dije que él también hablaba en sueños y que su subconsciente decía cosas más interesantes que su yo despierto.


Nazaré Lascano

Nada más subversivo

No hay nada más subversivo que indicar mal tu dirección. Puedes hacerlo al pedir una pizza, al contratar banda ancha para Internet, en un contrato de trabajo o, si eres más valiente, puedes indicarle una dirección falsa al banco o al médico.


Yo empecé a hacerlo con los paquetes de Amazon y ante el éxito conseguido continué con mis amantes.


Terry Salgado

Ejercer la fuerza necesaria

Poco antes de conocernos Jorge salió con una chica a la que, lo supe tiempo después, engañó conmigo.

Jorge la vio por primera vez desde una ventana de su apartamento, una noche de sábado. La siguió con sus prismáticos en un paneo doméstico a lo largo de la avenida sólo porque iba vestida con una falda muy corta, pero la panorámica terminó con la chica parada enfrente de un tipo al que no distinguía bien y al que Jorge en principio envidió. 

Jorge apartó los prismáticos con rabia buscando otro objetivo.

Pero a los treinta segundos la mirada de Jorge ya estaba puesta otra vez en aquella chica que seguía donde la había dejado, aunque su actitud y la de su acompañante era extraña, con movimientos bruscos, como los que se dan en un mal encuentro. Jorge fue capaz de darse cuenta de que aquel hombre estaba agrediendo a la chica.

Sin pensarlo, en pantalones cortos y camiseta, Jorge bajó las escaleras de su piso, salió a la calle y corrió hacia la pareja que en medio de la acera se movían y forcejeaban. Jorge, para no demostrar lo asustado que estaba, se dirigió al tipo dando voces. Según se acercaba se dio cuenta de que ni el hombre era tan bajito como lo imaginó desde su ventana ni la falda de la chica era tan corta. Ambos le miraron sorprendidos y el hombre soltó a la chica y reculó hasta tocar la pared con su espalda.

Sorprendentemente hubo mil excusas por parte de aquel tipo que se iba haciendo cada vez más pequeño, a la excusa mil una Jorge le pegó un puñetazo en la barbilla. Jorge nunca había dado un puñetazo a nadie por lo que no cerró bien el puño y no ejerció la fuerza necesaria, por suerte el otro tipo entró en pánico y huyó de la escena.

Hubo otros hombres que vieron toda la escena con sus prismáticos. Uno de ellos me contó todo, aunque con una versión muy distinta.

Nazaré Lascano


sábado

Más sabor

Nunca supe quien era el compañero o compañera que dejaba un chicle pegado debajo del pupitre de clase de física. 

No sé si él o ella sabían quién era yo, si esa persona misteriosa conocía que era yo, la chica de cuarto la que despegaba cada martes y jueves el chicle pegado debajo de la mesa y a cambio dejaba el mío en la esquina contraria.

Nunca quise saber de quien se trataba, supongo que no habría sido difícil saberlo, dos mañanas a la semana acudíamos al laboratorio de ciencias, los martes teníamos que esperar a que saliera el Grupo A para entrar nosotros, y el jueves eran ellos los que esperaban en el pasillo a que saliera mi clase. Un día el chicle estaba más duro, el otro aún tenía restos de saliva y mucho más sabor.

Nazaré Lascano

viernes

Acariciar el momento

Mientras Luis G. imagina a Joana, esta imagina a Luis G. delante del lavabo acariciando su imagen con una mano y con la otra su reflejo. 

Ambos, imagen y reflejo, son una ilusión, pero los dos sienten las manos de Luis, firmes y, a la vez, llenas de ansia que acarician el momento.

Nazaré Lascano


Pegada a mi espalda

Una mañana en la que me levanté temprano para ir a trabajar Snail Girl volvió a casa. 

Apareció pegada en la pared de la ducha, húmeda y deliciosa, disfrutando de cada gota que salpicaba su cuerpo desde mi cuerpo.

Cuando fui a cerrar el grifo me agarró la mano.

Aquella mañana fui a la oficina con Snail Girl pegada a mi espalda.

Terry Salgado

jueves

Dejar de imaginar

Cuando ve a Joana Yurineva en su lavabo, a Luis se le acelera el corazón. Disimula, pero no puede hacer como si no estuviera allí, así que la mira directamente y, cuando está convencido de que aquello es algo extraordinario, alarga el dedo índice tocándole en un costado con suavidad, casi con ternura.

Joana sonríe, pero es una sonrisa maliciosa.

— ¿Sabes que están haciendo a esta hora los hombres de tu edad?
— ¿Imaginando que en su lavabo hay mujeres diminutas?
— Los hombres de tu edad ya dejaron de imaginar hace mucho.
— ¿Qué hacen entonces?
— Toman lo que necesitan sin preguntar.

Nazaré Lascano

Su estado natural

No se preocupen, ye ven que perderse era para Snail Girl su estado natural. 

Igual que hay heroínas con facultades extraordinarias como la velocidad, la telequinesis, la telepatía o las descargas bioeléctricas, la característica prodigiosa de Snail Girl era la de perderse de forma repentina y, por la misma capacidad, aparecer por sorpresa en cualquier momento y en cualquier lugar.

Durante el tiempo que estuvo en mi vida Snail Girl desapareció y apareció un número incontable de veces, siempre esperando que lo hiciera y haciéndolo siempre de manera sorprendente.

Terry Salgado

Ramsey y el caos

Damián manejaba las piedras sobre los suelos de Buenos Aires como si fuera Dios ordenando el Universo. 

Para ello usaba, sin saberlo, teoremas matemáticos que aún no habían sido formulados.

Damián intuía que en cualquier estructura lo suficientemente grande el orden aparece inevitablemente.

Cada vez que Lorenzo me contaba su historia, Damián volvía a arrodillarse frente a un mar de piedras amontonadas, buscando una organización  de formas, tamaños y colores que le permitiera ordenar el caos.

Aunque a nadie le importe, Damián puso en práctica las teorías del matemático Frank P. Ramsey antes de que este ni siquiera las formulara.

Nazaré Lascano

miércoles

Perder la conciencia

Creo que en la última fiesta que dimos en casa invitamos a demasiadas personas. 

Todas las habitaciones, el salón, la cocina y el baño se llenaron de amigos y familiares sonrientes con copas en las manos. Snail Girl estaba preciosa y parecía disfrutar del ambiente, iba y venía recogiendo vasos, sirviendo trozos de empanada y canapés y tenía una frase perfecta para cada uno de los invitados con los que se cruzaba.

Hasta que dejé de verla. 

Primero lo dejé pasar, después pregunté por ella con discreción y por último la busqué nervioso por todo el piso.

No la encontré, y aún hoy no sé qué pasó. Puede que se quedara fuera en una de las ocasiones en las que entraron invitados y que no supiera volver a casa, puede que alguien la tapara con los abrigos y que se la llevaran puesta sin querer, puede también que se perdiera en medio de los platos sucios y terminara en la basura o puede que se mareara y perdiera la conciencia entre las botellas vacías de alcohol. 

Terry Salgado

Empedrado


De muy joven, casi recién llegado, Damián trabajó empedrando las calles en San Telmo y, aunque nunca lo había hecho, se aplicó de tal manera que aquel podría haber sido el trabajo de su vida. 


Años después, cuando ya era un hombre maduro, aún se le veía presumir de los cantos rodados sobre los que pisaban los porteños y, sobre todo, las porteñas.


Nazaré Lascano

martes

Cerezas

Algunas tardes, si era temporada, comían cerezas.

No voy a hablar sobre su color, todos sabemos lo brillantes y rojas que son, llenas de suculentas metáforas. Sólo diré que esos días, mientras el mundo seguía su curso, Sonia y H. comían cerezas en la habitación número 8, sentados en la cama.

Y que echaban los huesos, sin hacer ruido, en el vaso de cristal que Carem cambiaba todas las mañanas.

Nazaré Lascano

Los idus


De jovencita era tan indolente que pensaba mis propósitos de año nuevo en marzo.
Ahora es peor, ahora comienzo los años sin propósitos.

Nazaré

Un ser mínimo

Con Sonia en primer plano, ocupando casi toda la superficie del espejo, H. se ve a sí mismo reflejado como un ser mínimo, como una figurita ridícula que mira a Sonia desde el fondo de un objeto que no tiene más de dos dimensiones.

H. trata de apartar la mirada, pero Sonia está concentrada en el corte y él se siente en la obligación de acompañarla, de no dejar de mirarla.

Cuando, después de que Sonia se haya ido, H. recoge los pelos del lavabo vuelve a sentirse pequeño, como un pelele.

Nazaré Lascano

La meta

 Paracelso dijo con lentitud:


— El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.


El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:

— ¿Pero hay una meta? 


Paracelso se rio.


Jorge Luis Borges, La rosa de Paracelso



lunes

Sonia se corta el pelo

Una mañana, después de vestirse, Sonia Ricco se metió en el cuarto de baño, sacó unas tijeras de su bolso y comenzó a cortarse el flequillo. 

H. podía verla reflejada en el espejo a través de la puerta entornada y lo primero en lo que pensó fue hacerse con los mechones que caían en el lavabo. 

— No los tires.
— ¿Qué?
— Los mechones de pelo, yo me encargo de limpiarlo todo.
— ¿Qué vas a hacer con ellos?
— ¿Con los pelos?

Sonia asiente mientras da otro corte.

— Me los llevaré a casa y los dejaré entre las sábanas de la cama.
— ¿Quieres que los vea tu mujer?
— Sí, necesito que sepa algo de lo que ocurre aquí.
— ¿Por que no se lo cuentas?
— Quiero que lo imagine. La imaginación siempre es más cruel que la realidad.

Nazaré Lascano

Una necesidad

Un espejo siempre es una tentación en un escenario. 

Tomás sabía que no podía cometer ese error, sabía que un agujero, o un hueco, o una grieta son imprescindibles, sin embargo un espejo solo es una obviedad, una necesidad sin ganas.

Nazaré Lascano

Los años de la resignación

Los primeros años de Darío en el cuerpo de policía pasaron deprisa. A pesar de que tanto sus superiores como la mayoría de sus compañeros lo trataban como si fuera idiota. Ninguno supo nunca que precisamente esos primeros años fueron los mejores, cuando su mente estaba preparada para llegar a conclusiones que encajaban como dos piezas en armonía. 

Tiempo después cayó en la resignación y, aunque así daba mejor imagen, los resultados siempre rozaban la estupidez y los casos que resolvía lo hacía por insistencia, por suerte o por casualidad.


Nazaré Lascano

Con los dedos

Me fascina escribir

con boli azul en tus brazos, 

con tiza en las paredes.


Escribir

con los dedos,

en el agua y en el aire.

en la arena y en la nieve,

en el vaho de los cristales.


Nazaré 

domingo

Conceptos básicos

No hay realidad hasta que el punto de vista no lo inaugura.


(Concepto básico de la Mecánica Cuántica)


Dejad el balcón abierto

La casa de Lucía Monsalvo daba al parque. El balcón, grande, con barrotes de hierro oxidados parecía presidir el edificio, como si en cualquier momento el presidente del gobierno o un general uniformado fueran a salir a dar un discurso.

Los chicos del barrio no dejaron pasar la ocasión, un día uno de ellos pasó por debajo y tiró una piedrecita, otro día otro arrojó una lata y así, casi sin querer fueron haciendo del balcón de Lucía un vertedero.

Aquello no era sólo una diversión de adolescentes, si tiraban basura al balcón de Lucía Monsalvo era por todo el asunto de su viejo muerto que lo había perdido todo en una timba y, sobre todo, porque ellas eran  unas locas.

Yo, que era amiga de Lucía, tiré una lata en una ocasión, iba acompañada del Rumi y no fue él quién me provocó sino que yo misma, aprovechando su compañía y envalentonada por el calor de la tarde arrojé la lata como el que lanza un insulto "¡Locas de los cojones!"

Días después fui a casa de las Monsalvo con una docena de pasteles, Como siempre sobrevivían en la semioscuridad, como siempre la tristeza y el olor de aquella tristeza y aquella oscuridad. Pasé al salón, al fondo se veía el balcón abierto por el que entraban las latas, los botes, y las piedras y el suelo lleno de basura.

— ¿Por qué no recogéis todo lo que os tiran?
— Porque nos lo merecemos.

Nazaré Lascano

sábado

Escenarios

— Los escenarios de un crimen son como los escenarios de una obra de teatro
— ¿Alguna vez te dio la sensación de que estabas en una ficción?
— Constantemente.
— ¿Fuera de un lugar donde se ha cometido un crimen también?
— Siempre, ¿a ti no te pasa?


Nazaré Lascano

Llaves

La Vía Láctea tiene unos 200.000 millones de estrellas. 

Y yo me he pasado la tarde buscando las llaves de casa.

Terry Salgado

viernes

El dormitorio de Carolina Suances

A las dos semanas de la desaparición de Darío Varona, Carolina Suances empezó a observar que en el techo de su dormitorio aparecían manchas de color rojizo con aspecto de rosas ajadas.

No le dio tiempo a avisar a nadie para que pintaran la habitación, una madrugada Carolina sintió como si alguien golpeara con sus dedos en la almohada y cuando encendió la luz de la mesita de noche y miró hacia arriba pudo ver que todo su techo era ya una mancha de un rojo intenso y rezumante.

Llamó a la policía, un inspector de aspecto similar a Varona confirmó que aquello era sangre y esperó a que se hiciera de día para subir al piso de arriba. No había nadie. Se pusieron en contacto con el administrador del edificio, quien les informó que esa vivienda llevaba deshabitada desde hacía casi veinte años, desde que los últimos dueños, una pareja de ancianos, murieron en un accidente.

Carolina preguntó qué tipo de accidente, pero nadie la escuchó. La policía se interesó por saber quién era el dueño legal de aquel apartamento, pero el administrador no supo concretar si era un fondo inmobiliario, un banco o una aseguradora.

La jueza llegó al día siguiente. Para entonces el dormitorio de Carolina Suances ya era un charco de sangre.

Nazaré Lascano

En ningún caso

Una tarde, después de comer, fui al cine con Carlos. 

En la película, un documental de los años 90, aparecía una pareja de viejitos, se habían conocido durante la guerra de España y según explicaban solo querían morir juntos. Se les veía contentos y enamorados, felices por haber compartido toda la vida y sin temor a la muerte cercana.

Me imaginé a mí misma en su situación y sólo sentí miedo por la muerte próxima, en ningún momento pensé en el amor, ni en nadie a mi lado toda la vida.

Miré a Carlos de reojo, estaba mirando con atención a la pantalla y creo que tenía los ojos humedecidos. En ningún caso, pensé, acabaría mis días a su lado.

Nazaré Lascano

La galería

Algunos días almorzaba en su casa. 

Era una casa blanca, inmaculada, con rayitos de sol que se colaban a través de los cristales de una galería llena de macetas con plantas colocadas por especies, tamaños y colores. Las persianas, de un color verde magníficamente desvaído, le daban un tono que pudiera haber pintado Remedios Varo.

Yo avanzaba por aquel pasillo como una reina, apenas flotando sobre las baldosas dibujadas con geometrías repetidas que hubieran hecho de mí una persona distinta si hubiera podido vivir allí mi infancia, como ella, que allí, en la casa familiar, me iba desvelando secretos que, paradójicamente, la hacían más misteriosa.

Nazaré Lascano

jueves

El vacío

Muchas noches y muchas madrugadas, cuando Jorge llegaba a casa, yo estaba metida en la cama, despierta, con las manos cruzadas bajo la cabeza, sin un solo pensamiento, corriendo sin avanzar por mi mente en blanco, es decir, despierta pero con el vacío del sueño que no se recuerda. 


Sólo cuando oía la llave en la puerta, dormía o despertaba del todo.


Nazaré Lascano

Para hombres

El inspector Varona trabajaba en medio del desorden, dando vueltas por las habitaciones del apartamento de la viuda como una peonza a punto de perder la inercia. En medio de una de esas vueltas me dijo que había que buscar algún objeto masculino.

— ¿Qué es un objeto masculino?

Me miró como si fuera idiota, después suspiró hacia adentro y respondió.

—Imagine... una máquina de afeitar, una corbata, un desodorante o un frasco de perfume para hombres.

Asentí y me puse a buscar. Entré en uno de los baños, abrí el armario sobre el espejo y cuando ya tenía un frasco de colonia en las manos oí la voz de Darío Varona.

— ¡Y sobre todo no toque nada!

Dejé el frasco, muy deprisa, en su sitio. ¿Cómo quería ese estúpido que buscara sin tocar nada? Ni siquiera me fijé en si era una colonia para hombres.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

miércoles

Respuestas ingeniosas

Si hubiera estado más lista le podría haber respondido a Jorge que él prefería jugar al póker porque hay cuatro reinas para elegir y porque se puede ganar yendo de farol.


Lo pensé una noche de insomnio en la cama. 

A las siete de la mañana me levanté dispuesta a llamarle y darle todas las réplicas ingeniosas que había apuntado durante la noche, pero después me puse a hacer la colada y en el momento en que la ropa empezó a dar vueltas en la lavadora lo olvidé todo. 

Hasta hoy, que tampoco puedo dormir y después de darle mil vueltas a la cabeza me siento frente al ordenador a escribir más respuestas ingeniosas.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

El libre albedrío de los electrodomésticos

Me hubiera gustado más, aunque duela, vivir en el filo de un cuchillo de sierra que en el tambor de una lavadora. 


Pero una no elige sus electrodomésticos.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

martes

Auto halago

Jamás vi a Jorge llevando a la ciega del brazo. Al contrario, era ella la que le dirigía, la que le indicaba, la que manejaba la escena cuando estaban juntos.


Un día que yo estaba celosa o de mal humor traté de picarle.


—  ¿Le ayudas a cruzar los pasos de peatones?

Jorge negó con la cabeza.


—  Ya sabes cómo es, se sentiría ofendida si lo hago.

—  ¿Ni cuándo necesita tu ayuda?

—  Nunca la necesita. 

—  Siempre buscas mujeres más listas que tú.


—  ¿Eso es un halago o un reproche?


—  Un auto halago o un auto reproche.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

Anónimo e inerte

Los escenarios del crimen siempre provocan reacciones encontradas al inspector Darío Varona.

Lo peor para Varona es encontrar una escena cotidiana en la que se ha parado el tiempo. Una cocina, por ejemplo, con el café en la taza fría, migas de pan sobre la mesa, una botella de leche enfriándose en la nevera o una revista abierta por una página desde la que sonríen las fotografías de famosos.

Empezar a colocar todas esas piezas en el relato supone un esfuerzo para el inspector, mucho más intenso que enfrentarse a un cuerpo que, en esas circunstancias, es decir, anónimo e inerte, ya no es nada.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

Caligrafía

Alguien, con una letra clara y con una caligrafía poderosa, escribió en la puerta de Manuela, una sola palabra grabada levemente en la madera: "Silencio". 

Debajo, otra persona con otra caligrafía distinta, más rotunda y menos delicada, respondió: "No pares, por favor".

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

domingo

Ver a nadie

Una madrugada en la que había bebido demasiado cometí el error de decirle que no viera a nadie más.

Utilicé mal el verbo, debí decir no te acuestes con nadie más, no te diviertas con nadie más, no te sinceres con nadie más, no huyas con nadie más.

Me dijo que de acuerdo, que no vería a nadie más, pero siguió haciendo todo lo demás.

Nazaré Lascano Cuentos de Parque Chas


El tiempo multiplicado por la ausencia

¿Qué tienen los espejos españoles que no tengan los demás? Ignoro los secretos del azogue. Pero existen. 

Me veo más viejo; cosa que a nadie debe asombrar, pero no son sólo treinta años. Hace más: el tiempo multiplicado por la ausencia.

Max Aub, La gallina ciega

sábado

De huellas y manchas

Hay quien dice que de nada vale soñarlo si no se ejecuta, y puede que tengan razón. 


Yo, por mi parte, a menudo lo sueño y no lo llevo a cabo. A veces incluso lo llevo a cabo y no termina de salir de lo sueños. Algo así pasó con Jorge el día que decidí no volverle a ver.


Ni con millas de agua de por medio conseguí echarlo de mi vida. Al parecer los seres infames no dejan huella sino mancha y Jorge mancha como nadie.


Sin duda hay una parte de mí manchada acá en España y otra, sucia de cuerpo y mente que sigue en Buenos Aires jugando al escondite con Jorge.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

 

viernes

Subtítulos

Llamó con fuerza al interfono, recuerdo que la noche anterior me había acostado muy tarde por una discusión eterna con Jorge. Recuerdo también que por no dormir con él me quedé en el salón viendo una película de los años cuarenta que pasaban por la tele y que, curiosamente, no he vuelto a recordar.


Cuando llamó yo seguía acurrucada en el sofá con la espalda doblada, entumecida y la lengua pastosa, doblada, entumecida.

Apenas me asustó si es que uno puede asustarse apenas. Me levanté tranquila, había olvidado a Jorge en medio de mis sueños en blanco y negro subtitulados y cuando abrí la puerta él ya estaba allí. 


Si la primera impresión es la que cuenta, la de Carlos fue inmensa. Jamás había visto un repartidor que midiese dos metros, Me sonrió desde allá arriba. 


— ¿Nazaret Lascano?
— Nazaré
— ¿Cómo?
— Es Nazaré con acento en la e.

Volvió a sonreír, miró su móvil y después volvió a mirarme.

— Disculpa, lo han escrito mal.
— No importa —le dije volviendo de golpe a la realidad, recordando que allí dentro seguía Jorge, que aquella sonrisa no me pertenecía y que una vez más la tilde se había interpuesto entre mí y la felicidad—  estoy acostumbrada.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas




lunes

Héroes sin riesgos

Dibujar un personaje con las espaldas anchas siempre tiene sus riesgos. Puedes crear, sin querer, un ser sufriente, un santo sin coraje o un buey de ojos acuosos.

Es importante salirse de uno mismo, buscar un héroe amortizado y convertir su valentía en resistencia. Después de unos capítulos es conviene dejarle descansar.

Terry Salgado

viernes

Vidrio templado

A la una menos cuarto llegó a casa. 

Mariola le había dejado la cena en la mesa de la cocina y Esteban mira el plato con pena, quizás con rabia o con nostalgia. Se sienta tal cual llegó, los zapatos le aprietan pero no tiene ánimo de desatar los cordones. Pincha con el tenedor una patata frita con buen aspecto, se la lleva a la boca y al notar que está fría y correosa siente otra vez la pena, la rabia o la nostalgia. 

Esteban se levanta y mete el plato de Duralex con los filetes y las patatas fritas en el microondas. Dos minutos.

Mientras el plato gira Esteban llena un vaso con agua del grifo y bebe. Cuando termina ve el periódico que Mariola le ha dejado en medio de la encimera abierto por la página de anuncios clasificados y con una pequeña equis, escrita a lápiz y casi imperceptible señalando uno de los mensajes.

Se busca chofer particular para los fines de semana, jornada completa. Que resida en la zona de Sitges y tenga un vehículo para llegar al puesto de trabajo. Pensamos en una persona con muchos años de experiencia al volante y conocedor de zona de Garraf y de Barcelona ciudad. 

Terry Salgado, Un asunto sin importancia


sábado

Casi 1000 años

Conocemos los atajos del espacio, pero también los hay del tiempo, de los sentimientos, del conocimiento y de la moralidad.

Podríamos estudiar la historia de la humanidad a través de sus atajos. La Historia Medieval no tomó un atajo importante en 1000 años, el resto de periodos sufrió cortes que aún sangran.

Los atajos son cortes, muchas veces tramposos, otras veces inteligentes y casi siempre efectivos.

Terry Salgado

lunes

Sólo hazlo

Enrique le pidió a la Pupila que esa noche quitara todas las bombillas de su casa.

—¿A qué hora vuelve tu marido?
— Llega a la hora de la cena, sobre las diez y media.
— Te da tiempo a quitarlas todas.
— ¿Todas?
— No puede quedar una sola luz en casa.
— ¿Cómo haremos entonces?
— Usad velas, o salir a la calle, o quedaos a oscuras, podéis hacer muchas cosas.
— ¿Y cómo se lo explico?
— Tendrás que decirle que se trata de un acto radical de la ética del azar.
— No creo que lo entienda.
— Entonces no le digas nada, sólo hazlo.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

jueves

Las flores amarillas

Algunos de nuestros amigos hacían bromas con los cuernecitos de
Snail Girl. "¿Es cierto que solo duelen cuando salen?" "¿Son contagiosos?" "¿No te importa llevarlos a todas horas?"

Snail Girl sonreía y, entre risas, les daba respuestas sencillas. "Sí, son como los dientes lo peor son los primeros días" Sí, ten cuidado que todo se pega menos la belleza". "No pasa nada, cada uno lleva su cruz".

A mí todos aquellos comentarios me parecían una pesadez y le regalé un sombrero precioso, con unas flores amarillas que tapaban sus cuernecitos. Snail Girl lo cogió sin decir nada, pero cuando salíamos con nuestros amigos siempre se ponía el sombrero.

A partir de ese día todos, incluido yo mismo, la mirábamos con más curiosidad, y todos estábamos deseando quitarle el sombrero para ver si ahí debajo seguían los cuernecitos.

Pero desde ese día ella no volvió a dejarle a nadie que mirara. A mí tampoco.

Terry Salgado

martes

Simple melancolía

Siempre quedaba con ella al final de alguna calle y ella a menudo equivocaba la calle o, a veces, yo la esperaba al final y ella me buscaba en la entrada.


Igual ocurría en las estaciones del metro, en las terrazas de los bares o en los bancos de cualquier parque.


Cuando pasaba demasiado tiempo y Snail Girl no llegaba yo salía a buscarla, a pesar de que sabía que era un error, que lo único acertado es quedarte en el mismo lugar y esperar pacientemente. Solo así tienes alguna oportunidad.

Es por eso que sigo aquí esperando, sin moverme. Por eso o por simple cansancio, o simple pereza, o por melancolía.

Terry Salgado

sábado

Mi época triste

Snail Girl tenía muchas ganas de viajar a Roma. Se imaginaba entre las ruinas del Coliseo o bajo el óculo del Panteón de Agripa tomando un rayo de sol.

Yo estaba en mi época triste y le fui dando largas, y nunca fuimos a Roma.

Ahora que ya no está, pienso en cómo podía estar triste si ella estaba cerca y Roma estaba cerca. También pienso en los rayitos de sol calentando las piedras antiguas sin nosotros dos.

Terry Salgado