Pienso entonces en Ludwig Boltzmann, físico austríaco del siglo XIX al que obsesionaba el hecho de que el universo tendiera siempre al caos: las casas se ensucian solas, los cuerpos envejecen, las facturas se mezclan en los cajones.
Todo cae del lado del desorden con la naturalidad con la que una piedra cae hacia el suelo. Boltzmann imaginó que el orden, sin ser imposible, resultaba improbable.
Juan José Millás, El cerebro de Boltzmann

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