Marga, la mamá de Lucía Monsalvo, la que se volvió loca, me quería como a una hija. A menudo Lucía se quejaba, entre dolida y orgullosa, de que su madre "estaba enamorada" de mí.
— Eres la hija que no tuvo, Naza.
— ¿Y tú?
— Yo soy la hija que tuvo.
Estaba claro que Lucía exageraba y que Marga nunca tuvo la cabeza en su sitio, o si alguna vez la tuvo se le olvidó que una no se enamora de las amigas de tus hijas.
De cualquier manera me sentí halagada, o algo que no sé bien cómo definir.
Nazaré Lascano
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