Es injusto, inmoral y todos los adjetivos que se quieran añadir al hecho de que la felicidad de una familia como la de Lucía Monsalvo se decidiera en la mesa de una partida de póker.
Sin embargo, si nos fijamos bien, la felicidad o la infelicidad de casi todas las familias se decide en partidas a menudo mucho más injustas que las de póker.
Nazaré Lascano
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