Cuando se fue estuve mucho tiempo sin afeitarme, no soportaba la idea de no ver su reflejo en el momento de cubrirme la cara de jabón. Hasta que un día, cansado de llevar barba, decidí afeitarme con la idea estúpida de que si conseguía dejar la mente en blanco y no pensar en nada podía salir con bien de aquel trámite.
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